Las crisis estallan en el mundo a gran velocidad. Es difícil mantenerse al día respecto a estos acontecimientos, y mucho más desarrollar una perspectiva histórica y crítica al respecto. Nuestra serie Alerta Roja ofrece un breve análisis en dos páginas sobre crisis clave de la actualidad.


Desde mediados de septiembre, se ha desencadenado una intensa olas de protestas en todo Haití. Alrededor de cinco millones de personas —la mitad de la población del país— ha participado en las marchas y los cortes de calles. Piden la renuncia del presidente Jovenel Moïse, rechazan cualquier intervención extranjera, y piden una resolución de la crisis energética y económica. La falta de combustible en la isla es el detonante. La respuesta del gobierno ha sido enviar a la policía. La Alerta Roja Nº 4, que nos llega desde nuestrxs camaradas en Haití, da una evaluación más completa de la situación en terreno.


En la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abrió la sesión con el comentario descabellado de que la Amazonía —que ha estado incendiándose por semanas— “prácticamente no se ha tocado” y que “un medio mentiroso y sensacionalista” ha estado avivando las llamas de noticias falsas. La Amazonía, 60% de la cual está en Brasil, no es el “patrimonio de la humanidad”, dijo Bolsonaro. Es territorio brasileño, dijo, y si Brasil quiere talarla, que así sea. Se han producido protestas alrededor del mundo contra los incendios, ya que es bien sabido que el Amazonas es uno de los mayores sumideros de carbono del planeta. Si se alcanza un 25% de deforestación en el Amazonas, entonces la selva tropical habría alcanzado un punto de no retorno. En ese momento, la vegetación pierde su capacidad de regenerarse y probablemente transformaría la selva en una sabana. Estamos de nuevo en la era de la locura, al borde de la destrucción de la Amazonia, una era que exige ser valientes y audaces.