Las noticias sobre luchas y conflictos en África, Asia, y Latinoamérica no siempre son fáciles de encontrar.  Una huelga general en India no se ve en la prensa corporativa, tampoco el asesinato de un militante de derechos civiles en América Central o las noticias que son de gran interés humanitario para organizaciones multilaterales tales como las agencias de las Naciones Unidas.

Mientras los intereses de la ideología corporativa hacen que los medios de comunicación mundiales se vuelvan cada vez más homogéneos, las noticias sobre el pueblo en todas partes del mundo se desaparecen cada vez más. Existe muy poca información básica, por ejemplo, sobre el hambre y las luchas para alimentar al pueblo. No nos interesan sólo los conflictos y el sufrimiento, estamos igualmente interesados en las luchas populares para enfrentar estos grandes desafíos.

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El informe de las Naciones Unidas sobre biodiversidad y ecosistemas entrega un grave diagnóstico de planeticidio en manos del capital global. La tasa de extinción global de especies es decenas de cientos de veces más rápida ahora que en los últimos diez millones de años. Esto es producto del apetito voraz del capitalismo por reproducir ganancias para unos pocos a expensas de todo el resto, incluso de la sobrevivencia del planeta. “Las acciones basadas en el mercado no serán suficientes”, escriben los académicos. El capitalismo, en otras palabras, no puede resolver el grave problema de la extinción. El informe de la ONU señala que la transición “implicaría un cambio más allá de los indicadores económicos estándar”. Incapaz de darle un nombre a todo esto, sugiere que el único antídoto para la extinción liderado por la humanidad es el socialismo. Los recursos para financiar esto existen en los paraísos fiscales de los ricos, en los subsidios entregados a compañías de combustible fósil y agronegocios que están destruyendo el planeta. Si se pudiera recaudar este dinero sería un fondo suficientemente grande como para reconfigurar los sistemas de energía, transporte, vivienda y alimentación. Un futuro socialista es necesario.


El escandaloso comportamiento minero del capitalismo camufla su saqueo tras el discurso de la “buena gobernabilidad”. El argumento es que no son las compañías mineras extranjeras, sino las corruptas elites locales en África las responsables de la pobreza duradera. Una idea que destaca por su evidente contradicción con los hechos, en que el dinero robado por las corporaciones multinacionales sobrepasa con creces el dinero robado por los funcionarios gubernamentales. Pero el silencio no es el ánimo de lxs minerxs. Han luchado contra el robo de su trabajo desde los días del colonialismo hasta estos tiempos neocoloniales. Sus protestas han sido feroces, y la reacción a ellas ha sido mortal. Es esa reacción la que asesinó a la activista medioambiental y líder por los derechos indígenas Berta Cáceres en 2016, y que intentó matar (pero falló) a Francia Márquez este pasado sábado 4 de mayo por su trabajo en la organización contra la industria extractivista en Colombia. Lxs minerxs —como lxs trabajadores sin tierra— están familiarizadxs con las armas de fuego y el gas lacrimógeno, desde un extremo de África (Marikana, Sudáfrica) hasta el otro (Jerada, Marruecos). Pero la violencia estatal y la violencia de las corporaciones no lxs detiene.


En Venezuela, los líderes políticos de la oligarquía suplicaron que los hombres de verde dejen de lado la Constitución, mientras Juan Guaidó y el ala de derecha de la oposición venezolana intentaron un golpe militar en Venezuela este martes. Al anochecer, estaba claro que el golpe —uno de los muchos intentados en Venezuela— había fallado. Lo que previno el golpe —a pesar de las difíciles condiciones que vive la sociedad venezolana— fue la movilización de masas en las calles y el pueblo determinado a proteger la soberanía de su país, decidido a permitir que el proceso bolivariano supere los tropiezos contra todo pronóstico. Mientras tanto, en Canadá una mirada atenta a los intereses del gobierno y de sus negocios revela algo bastante diferente al liberalismo casual de su reputación. El 60% de las compañías mineras del mundo tienen su sede en Canadá, donde las compañías mineras muestran una indiferencia perversa hacia la vida humana. Como mostramos en nuestros primeros Apuntes, lanzados esta semana, esta indiferencia, y las atrocidades perpetradas contra las personas que viven sobre y cerca de esas minas, son consideradas solo como un efecto secundario natural o necesario para el crecimiento económico.


El 26 de abril de 1937, doce bombarderos de la Legión Cóndor alemana y de la Aviación Legionaria italiana sobrevolaron el País Vasco en España en medio de la Guerra Civil. Demolieron el pequeño pueblo de Guernica, sobre el que soltaron su arsenal incendiario. En su monumental Grundrisse (1857), Karl Marx comentó de pasada, pero certeramente “El impacto de la guerra es evidente, ya que económicamente es exactamente como si la nación dejara caer una parte de su capital al océano”. Una economía de guerra permanente es un desperdicio, incluso si hay ganancias gigantescas por parte de las empresas bélicas. Hoy el gasto militar mundial supera los 2 billones de dólares, con Estados Unidos gastando por sí solo casi la mitad de esta cantidad. El gasto militar total de EE.UU. actualmente es de 989.000 millones de dólares. Si se suma el enorme presupuesto secreto de la Agencia de Seguridad Nacional y de la Agencia Central de Inteligencia, el presupuesto militar estadounidense asciende a más de 1 billón. Pero no son las pérdidas humanas de las guerras lo que molesta a los poderosos, su indignación está reservada para aquellas personas valientes que exponen sus crímenes y los llaman a rendir cuentas.


Cuando la Corona Británica se apoderó del subcontinente indio, el robo de su riqueza se convirtió en algo rutinario. Gran Bretaña tomó dinero indio, hizo de Inglaterra uno de los lugares más ricos del mundo y dejó a la India desamparada. La riqueza india se utilizó como pago inicial para el desarrollo de Inglaterra. Toda la Revolución Industrial en Inglaterra -que se estudia por sus avances tecnológicos- fue financiada por este robo a la India y por la trata de esclavxs del Atlántico. Los pueblos de África, Asia y América financiaron la tecnología de Europa. Es la riqueza africana, asiática e indígena americana la que ha permitido que las universidades europeas prosperen y que los estudiantes europeos logren sus avances. Dentro de la máquina de vapor de James Watt está la sangre de un trabajador esclavo de las plantaciones africanas y la de un campesino indio hambriento. Condenar al imperio británico es cuestionar los grandes beneficios de los que goza la Gran Bretaña actual debido a la riqueza robada a la India. No hay duda de que Gran Bretaña -una isla tan pequeña- no habría sido nada sin su historia imperial. Cuestionar al Imperio significa cuestionar la travesía de Gran Bretaña hasta llegar a su situación actual. Cien años después de la masacre de Jallianwalla Bagh (Amritsar, 13 de abril de 1919), que impulsó al pueblo indio a la lucha por la libertad, hacemos un llamamiento al gobierno británico y a Europa en general para que recuerden y reconozcan esta historia con el fin de tener una actitud hacia el mundo en el que vivimos que refleje la realidad del pasado y la compasión que esto requiere; para que descolonicen sus mentes tanto como las estructuras que siguen reproduciendo pobreza e indignidad.