Las noticias sobre luchas y conflictos en África, Asia, y Latinoamérica no siempre son fáciles de encontrar.  Una huelga general en India no se ve en la prensa corporativa, tampoco el asesinato de un militante de derechos civiles en América Central o las noticias que son de gran interés humanitario para organizaciones multilaterales tales como las agencias de las Naciones Unidas.

Mientras los intereses de la ideología corporativa hacen que los medios de comunicación mundiales se vuelvan cada vez más homogéneos, las noticias sobre el pueblo en todas partes del mundo se desaparecen cada vez más. Existe muy poca información básica, por ejemplo, sobre el hambre y las luchas para alimentar al pueblo. No nos interesan sólo los conflictos y el sufrimiento, estamos igualmente interesados en las luchas populares para enfrentar estos grandes desafíos.

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Hace dieciséis años, Estados Unidos comenzó una nueva fase en su guerra contra Irak. Las vidas perdidas por las armas producidas por Raytheon fueron, según el Secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld, sólo un “error”. Pero, muchos de estos actos fueron crímenes de guerra intencionales. Chelsea Manning sigue pagando el precio de exponer esos actos como tales. Fue arrestada -otra vez- hace apenas dos semanas por negarse a obedecer a Estados Unidos. Y, como leerán en este boletín, ella no es la única que actúa en contra de los Estados Unidos. Turquía, Italia y, por supuesto, Venezuela también, muestran signos de “desobediencia”. A pesar de que el Trump tropical, Jair Bolsonaro, se reúne con el Presidente de Estados Unidos esta semana para discutir la posible entrada de Brasil en la OTAN, el extremadamente desagradable líder de EE. UU. todavía tiene que responderle a China al final del día. La “brújula se aleja de la dominación de Estados Unidos” y, con ello, puede que también se aleje del poder patriarcal -sólo hay que leer la carta de demandas que las organizaciones de mujeres indias han hecho pública, ahora que “la democracia más grande del mundo” irá a las urnas el próximo mes.

La Amazonía -que contiene una quinta parte del agua dulce del planeta, una inmensa biodiversidad y muchas comunidades indígenas y quilombolas- está cada vez más amenazada por una invasión del capital en el gobierno del brasilero Jair Bolsonaro. En Venezuela, el ataque a la soberanía nacional continúa mientras se lleva a cabo una campaña concertada de sabotaje cibernético para cortar la electricidad y el agua dentro del país. Mientras tanto en la India, las próximas elecciones presidenciales ofrecen una oportunidad para decidir entre la continuidad de la derecha o cambiar de rumbo hacia un futuro mejor, uno como el que nos muestra el gobierno de izquierda del estado de Kerala, al sur del país. En este mundo mejor  de Kerala, las escuelas están bien financiadas y son de muy buena calidad, accesibles tanto para las niñascomo para los niños; en marcado contraste con la situación de la educación en el país en su conjunto.


En la primera reunión global del Instituto Tricontinental, Neuri Rossetto, del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil, nos convocó a soñar con un futuro socialista. No debemos dejar de soñar, dijo. Es mandato de las y los intelectuales comprometidos contribuir a soñar con un mundo así, difundir los sueños de los movimientos populares. Siempre estamos diciendo que no queremos esto, pero tenemos que ser el mandato político del sí, soñar y construir el mundo en el que queremos vivir. En el Foro Social Mundial de 2001, el movimiento altermundialista adoptó la frase «Otro mundo es posible» como lema. Fue un grito en la oscuridad, un gesto que sugería que lo que tenemos es simplemente inaceptable. Mirando hacia atrás, el eslogan es flojo, una clara señal de que el pensamiento utópico había sido casi abolido. Siguiendo el mandato de Neuri de atreverse a soñar con un futuro socialista, también debemos atrevernos a difundir el mundo intelectual de los movimientos populares, estimular el debate sobre la manera de salir de la persistente crisis de la humanidad y contribuir a cerrar la brecha entre las instituciones académicas y los movimientos populares, así como entre nuestros continentes.


Este miércoles, hace 30 años, miles de las y los pobres de Venezuela se sintieron estafados por el aumento de las tarifas de autobús. Hoy, el ambiente en Caracas es sombrío. Parece que el intento de golpe de estado contra el gobierno, que comenzó el 23 de enero, ya ha terminado. En el transcurso de la semana pasada, casi 500 personas de 87 países representando a movimientos populares y agrupaciones políticas llegaron a Caracas para la Asamblea Internacional de los Pueblos, una nueva iniciativa que tiene como objetivo crear una plataforma para la solidaridad y para conectar mejor a sectores de la izquierda. Los informes de las deliberaciones, que fueron inteligentes e imperativos, no llegaron a la gran prensa. Ciertamente, la primera acción común es asegurarse de que no haya ninguna intervención militar en Venezuela y presionar para que se ponga fin al estrangulamiento de la economía venezolana. Tomará tiempo digerir las implicaciones de estas discusiones y tomará tiempo ver qué tipo de acciones comunes se desarrollan. Ciertamente, la primera acción común es asegurarse de que no haya ninguna intervención militar en Venezuela y presionar para que se ponga fin al estrangulamiento de la economía venezolana.


¿Es el presidente de Venezuela el presidente de Venezuela o es el presidente de Estados Unidos el presidente de Venezuela? Hay algo absurdo aquí. El colapso de los precios del petróleo, la dependencia de los ingresos petroleros, una guerra económica por parte de los Estados Unidos y complicaciones por el aumento de los costos del financiamiento han llevado a la hiperinflación y a una crisis económica en Venezuela. Negar esto es negar la realidad. Pero hay una gran diferencia entre una crisis económica y una crisis humanitaria. Venezuela desde Chávez ha utilizado su riqueza para ofrecer solidaridad humanitaria a las naciones y las poblaciones más pobres tanto a nivel nacional como internacional. Las actuales dificultades en Venezuela han desencadenado levantamientos en Haití, a quien Venezuela proporcionaba petróleo subsidiado. Ahora, el FMI ha vuelto a exigir que este país ponga fin a los subsidios del petróleo, y las empresas petroleras monopolistas han vuelto a exigir pagos en efectivo antes de la entrega. Si no nos dejan respirar, dice el pueblo haitiano, no los dejaremos respirar.