Las noticias sobre luchas y conflictos en África, Asia, y Latinoamérica no siempre son fáciles de encontrar.  Una huelga general en India no se ve en la prensa corporativa, tampoco el asesinato de un militante de derechos civiles en América Central o las noticias que son de gran interés humanitario para organizaciones multilaterales tales como las agencias de las Naciones Unidas.

Mientras los intereses de la ideología corporativa hacen que los medios de comunicación mundiales se vuelvan cada vez más homogéneos, las noticias sobre el pueblo en todas partes del mundo se desaparecen cada vez más. Existe muy poca información básica, por ejemplo, sobre el hambre y las luchas para alimentar al pueblo. No nos interesan sólo los conflictos y el sufrimiento, estamos igualmente interesados en las luchas populares para enfrentar estos grandes desafíos.

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Las relaciones entre Rusia y China han alcanzado un “nivel sin precedentes”, en palabras del presidente ruso Vladimir Putin. ¿Por qué Rusia y China cimentaron este nuevo acuerdo? En primer lugar, se han unido por la presión que Estados Unidos y sus aliados han sostenido a largo plazo para interferir en la soberanía tanto de China como de Rusia. En segundo lugar, Estados Unidos ha intentado que China renuncia a sus ventajas económicas en favor de las empresas estadounidenses, lo que ha conducido a la actual guerra comercial. Tras la expulsión de Rusia del G8 y las sanciones en su contra, Rusia, que había buscado ser parte de Europa desde la caída de la URSS, se volcó hacia el Este. Intentando romper con esta dependencia, China experimentó con estrategias de transferencia de pagos dentro del país para aumentar la demanda doméstica y comenzar a desarrollar nuevos mercados. Durante las últimas dos décadas, China ha llamado abiertamente a la creación de un orden mundial multilateral para equilibrar el orden unilateral producido por Occidente tras la caída de la URSS. En este contexto, la guerra híbrida liderada por EE.UU. continúa intentando imponer su dominio en la región, solo acercando más entre sí a Rusia, China y sus aliados regionales.


Las cadenas que atan a la clase trabajadora no son meramente materiales. Estas cadenas también avanzaban dentro de la mente, sofocando la habilidad de la mayoría de los seres humanos de tener un entendimiento claro de nuestro mundo. Sofocadxs, lxs trabajadorxs (quienes antes eran simpatizantes de movimientos socialistas y comunistas) se acercaron al fascismo. A comienzos del siglo XX, Antonio Gramsci escribiría que llegaron a los partidos fascistas no por claridad, sino por su conciencia contradictoria. Estamos en tiempos difíciles, la balanza de la historia favorece a la extrema derecha, incluyendo a fuerzas que han dividido nuestras sociedades según jerarquías sociales como casta, raza, nacionalidad y religión. ¿Cuál es el antídoto para esas ideologías e instituciones de jerarquía social? Construir instituciones populares, incluyendo sindicatos y organizaciones comunitarias. En medio del surgimiento global del neofascismo, que ha logrado explotar dichas divisiones, K. Hemalata de la Central de Sindicatos de la India (CITU) habla enérgicamente sobre la necesidad de que los sindicatos se ocupen de cuestiones de jerarquía social (patriarcado, casta y fundamentalismo) y organicen a lxs trabajadorxs donde viven, no solo donde trabajan.


En un búnker de la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, juega con sus pulgares. Sus asesores —John Bolton y Mike Pompeo— quieren que destruya Irán. Él está de acuerdo con ellos, pero no logra decidir. En Twitter ha declarado la guerra; pero su mano se mueve sobre las órdenes, que aún no ha firmado. Pero podría, en cualquier momento. La reciente escalada de agresiones se desarrolla en un contexto en el que EE.UU. ha estado librando una guerra híbrida y de información contra Irán durante más de una década, una guerra que busca golpear la confianza del pueblo. Es para provocar desacuerdo y caos, aumentar el nivel de miedo y paralizar el país. Pero, en medio de acusaciones que buscan representar a Irán como un agresor, hacemos bien en recordar la historia, desde el golpe impulsado por la CIA (1953) a las más recientes intervenciones a lo largo de la región en Siria, Irak y el Líbano.


Recientemente ha aparecido evidencia sobre la colusión entre el juez principal y el investigador principal en el procesamiento de Lula, gracias al excelente reportaje de The Intercept. Las motivaciones políticas ahora están registradas: ellos, en nombre de la oligarquía, no querían que Lula —quien sigue siendo muy popular— fuese el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT) en 2018. Ahora hay claridad respecto a la persecución política a Lula. Pero lo que sigue siendo confuso para muchos es el caso concreto en su contra. Los detalles de su caso permanecen oscuros, y muchos de los que simpatizan con Lula permanecen con dudas sobre cómo entender los cargos de corrupción y su condena. Este boletín está dedicado a proveer un resumen sobre Lula y el caso en su contra. La persecución a Lula es una historia que no es solamente sobre Lula, ni solamente sobre Brasil. Es una prueba del modo en que las oligarquías y el imperialismo han buscado utilizar la envoltura de la democracia para socavar las aspiraciones del pueblo. Es la metodología de la democracia sin democracia, una aldea Potemkin del liberalismo.


“Por la humanidad, compañeros”, escribe Frantz Fanon al final de su monumental Los condenados de la tierra, “hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo”. Las terribles desigualdades en nuestro mundo mantienen a la humanidad dividida. Tales desigualdades han salido a la superficie esta semana, en que The Intercept publicó pruebas de que el juez de instrucción Sérgio Moro conspiró para encarcelar a Lula y evitar así que su partido, el Partido de los Trabajadores, ganara las elecciones en Brasil. El ataque contra defensores de los derechos humanos continúa alrededor del mundo, desde amenazas para deportar de Dinamarca a la feminista afgana Zarmena Waziri hasta el arresto del desarrollador de software Ola Bini en Ecuador, donde ha permanecido encarcelado durante dos meses por su trabajo con organizaciones de derechos humanos. Si no estás enojado por estas revelaciones, independientemente de tu orientación política, entonces la cultura democrática se empobrece aún más. Serás absorbido por la sonrisa torcida de los poderosos que están protegidos por el desentendimiento de las masas. La desesperanza es el peor tipo de rendición. Enojémonos porque Lula y Ola están en la cárcel, porque Zarmena Waziri será deportada a los brazos del Talibán, porque las compañías mineras destruyen el planeta y truncan los sueños de los mineros, y porque el experimento de Venezuela está bajo la grave amenaza de una guerra híbrida. Enojarse es abrir la puerta a un pensamiento nuevo y a un futuro nuevo, a cambiar de piel.