Las noticias sobre luchas y conflictos en África, Asia, y Latinoamérica no siempre son fáciles de encontrar.  Una huelga general en India no se ve en la prensa corporativa, tampoco el asesinato de un militante de derechos civiles en América Central o las noticias que son de gran interés humanitario para organizaciones multilaterales tales como las agencias de las Naciones Unidas.

Mientras los intereses de la ideología corporativa hacen que los medios de comunicación mundiales se vuelvan cada vez más homogéneos, las noticias sobre el pueblo en todas partes del mundo se desaparecen cada vez más. Existe muy poca información básica, por ejemplo, sobre el hambre y las luchas para alimentar al pueblo. No nos interesan sólo los conflictos y el sufrimiento, estamos igualmente interesados en las luchas populares para enfrentar estos grandes desafíos.

Desde el Tricontinental vamos a enviar un boletín semanal, una nota con información seleccionada sobre una parte del mundo, que ofrecerá una mirada acerca de las luchas y conflictos de nuestro tiempo. El boletín estará disponible por subscripción gratuita.

Para informarse más sobre el boletín, o para enviarnos asuntos que consideran que deberíamos cubrir, por favor contáctenos a [email protected]. No prometemos emplear cada una de sus sugerencias, pero todas son bienvenidas. Si tienen objeciones  respecto a lo que publicamos, por favor avísennos. Es posible que publiquemos su crítica conforme nuestro mandato de estimular el debate.


Confinamiento, cuarentena, distanciamiento social, esas palabras no significan nada para miles de millones de personas que trabajan duro diariamente para la reproducción social del mundo y para producir millones de mercancías. Ellxs no se han beneficiado de su trabajo, pero ciertamente han enriquecido a unos pocos que ahora se esconden con su riqueza tras las cortinas, temerosos de la realidad que los hizo ricos. Una repentina muestra de compasión por ellxs mientras forman largas filas en los caminos que dejan la ciudad no es suficiente; debemos luchar contra el sistema que lxs usa, lxs mantiene apenas vivxs, y luego se deshace de ellxs, y poner otro sistema en su lugar.


La crisis actual no solo está moldeada por el peligro del coronavirus mismo, sino también por un sistema económico que favorece al sector financiero y la plutocracia y que nos ha conducido al colapso de las instituciones estatales en la mayoría del mundo capitalista, donde el sistema de salud, erosionado por la austeridad, es incapaz de manejar la crisis. La esperanza proviene de lugares como Kerala (India), China y Cuba, donde instituciones estatales intactas han logrado enfrentar la pandemia.


Incluso tras las medidas de austeridad que han destruido los derechos laborales, estxs héroes trabajan duro para frenar el virus. En este mundo mutilado, quienes nos mantienen unidxs por lazos fraternos son nuestrxs héroes y heroínas, dispuestos a ponerse en riesgo para proteger a la humanidad. Lxs cuidadorxs —en familias o instituciones— no tienen suficiente reconocimiento por la gran carga que llevan mientras los políticos han desmantelado el Estado y la sociedad. Imaginemos un mundo de enfermerxs, no de banquerxs.


En los tiempos que vivimos —en que demasiadas personas enfrentan hambre, pobreza y sufrimiento— florece la esperanza radical y las ideas emancipadoras, forjadas en el vórtice de la lucha, toman cierto brillo. En nuestro mundo, la civilidad no es solo un asunto de actitud, también es un asunto de recursos. Si usáramos la considerable riqueza social mundial para asegurar medios de subsistencia decentes para cada persona y para asegurar que abordemos nuestros apremiantes problemas de manera colectiva, habría tiempo para descansar entre amigxs, para trabajar voluntariamente en nuestras comunidades, para conocernos y para estar menos estresadxs y enojadxs. La “esperanza” tampoco es un sentimiento individual, tiene que ser producida por la gente haciendo cosas junta, construyendo


El 8 de marzo de 1917, cien mujeres en las fábricas textiles de Petrogrado decidieron irse a huelga. Pronto, alrededor de 200.000 trabajadorxs, lideradxs por las mujeres, marcharon por las calles. Esta huelga puso en marcha una serie de protestas que finalmente quebraron el estado zarista e inauguraron la Revolución rusa. En 1920, la líder bolchevique Alexandra Kollontai escribió que las mujeres en la República Soviética tenían derechos, incluyendo el derecho al voto, pero que “la vida misma no ha cambiado en absoluto.