Las noticias sobre luchas y conflictos en África, Asia, y Latinoamérica no siempre son fáciles de encontrar.  Una huelga general en India no se ve en la prensa corporativa, tampoco el asesinato de un militante de derechos civiles en América Central o las noticias que son de gran interés humanitario para organizaciones multilaterales tales como las agencias de las Naciones Unidas.

Mientras los intereses de la ideología corporativa hacen que los medios de comunicación mundiales se vuelvan cada vez más homogéneos, las noticias sobre el pueblo en todas partes del mundo se desaparecen cada vez más. Existe muy poca información básica, por ejemplo, sobre el hambre y las luchas para alimentar al pueblo. No nos interesan sólo los conflictos y el sufrimiento, estamos igualmente interesados en las luchas populares para enfrentar estos grandes desafíos.

Desde el Tricontinental vamos a enviar un boletín semanal, una nota con información seleccionada sobre una parte del mundo, que ofrecerá una mirada acerca de las luchas y conflictos de nuestro tiempo. El boletín estará disponible por subscripción gratuita.

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Los días 8 y 9 de enero, más de 160 millones de trabajadorxs de una amplia gama de sectores, desde trabajadorxs industriales hasta trabajadorxs de la salud, se declararon en huelga en la India. Esta ha sido una de las mayores huelgas generales del mundo. Esta huelga de dos días se produce en un momento en el que trabajadorxs de todo el mundo saludan a 2019 con una ola de manifestaciones, desde el “mes de la ira” lanzado en Marruecos por los sindicatos hasta las protestas en Sudán por el aumento de los precios, desde las posibles huelgas de docentes en Los Ángeles (EE.UU.) hasta una posible huelga general en Nigeria por los salarios. Bolsonaro, apenas tomar posesión de su cargo en Brasil, no ha dudado en rebajar el salario mínimo y comenzar a atacar a las comunidades indígenas. Los valientes seguirán el ejemplo de combatientes de la resistencia como Shadia Abu Ghazaleh de Palestina y lucharán por un futuro que beneficie a los pueblos, no a la élite global y a los neofascistas de hoy. Sus luchas serán luchas para hacer que su tierra se sienta orgullosa.


El 1 de enero en la India, 5,5 millones de mujeres formaron un muro de 620 kilómetros a lo largo de la frontera del estado de Kerala para luchar por sus a ingresar al templo Sabrimala. El mismo día, Cuba celebra 60 años de la Revolución de 1959, que ha sido desde entonces, una espina persistente para el capital global. Por su parte, Haití celebra 215 años desde su revolución del 1 enero de 1804, cuando la isla derrotaba la esclavitud convirtiéndose en la primera república anti-colonial en el mundo. En México, el EZLN conmemora 25 años desde aquel levantamiento del 1 de enero de 1994, una demostración de fuerza contra todo pronóstico en la era de la globalización neoliberal. Estas batallas tuvieron consecuencias, el capital global apuntó a Haití y Cuba estrangulando sus economías (mediante la deuda o el bloque); intentando hacer de ambas un ejemplo de las fortalezas para la izquierda. Hoy en día, en el primer boletín de 2019, nos unimos a lxs zapatistas y personas en todo el mundo, desde Haití a la India, pasando por Cuba y México, al decir “No permitiremos ningún proyecto que destruya la vida de la humanidad y la muerte de nuestra madre tierra”. Ya Basta!


Una vez que nos organicemos para impulsar un nuevo sistema mundial, ¿cuál es el marco de políticas que debe adoptarse? Es aquí donde los y las intelectuales deben poner su corazón y su alma en acción. Tenemos que pensar sobre las muchas formas creativas de utilizar nuestra riqueza social para resolver los problemas inmediatos de la humanidad: el hambre, las enfermedades, las catástrofes climáticas. Es cruel pensar que estas esperanzas son ingenuas. Nos dice mucho el hecho de que es más fácil imaginar el fin de la tierra que imaginar el fin del capitalismo, imaginar el derretimiento de los hielos polares que imaginar un mundo donde nuestra capacidad productiva nos enriquezca a todos. En nuestro último boletín de 2018, presentamos un análisis de cómo entendemos el mundo en el cual vivimos además de un resumen de las ideas y conceptos que hemos desarrollado mientras comenzamos a elaborar un marco para imaginar, y construir, un nuevo sistema mundial.


En Francia, los chalecos amarillos -en su quinta semana de manifestaciones- quieren que sus quejas y esperanzas, no la avaricia de las corporaciones y el cinismo de la clase política, den forma a la política. Queremos dinero en efectivo, dicen, como preludio de una emancipación radical. Una evaluación de China también es más complicada que la narrativa presentada normalmente. Todos los procesos revolucionarios pierden su energía, son absorbidos por los problemas cotidianos de distribución de recursos y por la burocracia del poder. Canalizar las aspiraciones desde la ganancia individual hacia el desarrollo social no es una tarea sencilla, especialmente porque existe un impulso cultural global para reducir la personalidad humana a la de un ser que consume. Pero a pesar de los obstáculos, el pueblo sabe que los impulsos destructivos del capitalismo no lo beneficiarán. No es de extrañar que los chalecos amarillos en Francia y los campesinos en la India salgan a las calles. No es de extrañar que los jóvenes de la República Democrática del Congo quieran unirse a ellos.


Una de cada ocho personas en el mundo vive en asentamientos informales. Esto, a pesar del “derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar” que consta en la Declaración Universal de Derechos Humanos. La realidad, sin embargo, está muy lejos de esto. Por ello, los movimientos de las personas pobres y desposeídas del mundo luchan con uñas y dientes para proteger los derechos y la dignidad de lxs trabajadorxs y lxs pobres. Porque, en palabras de S’bu Zikode, presidente de Abahlali baseMjondolo (AbM), “no tenemos otra opción que vivir como seres humanos”. Las recientes victorias de la izquierda, en Marruecos y la India, y la incansable organización y valentía de movimientos como AbM, son destellos de inspiración y esperanza contra la aplanadora del capitalismo y sus cómplices.