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Hafez Omar, Steadfast People, 2014.

Estimados amigos y amigas

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Una vez más, puntualmente, Israel – con la venganza de Zeus – ha comenzado a bombardear Gaza. Los sonidos y los olores de la guerra nunca faltan en Gaza, que en la última docena de años ha sido víctima del dominio y los bombardeos israelíes. Israel se beneficia del pleno respaldo de los Estados Unidos a esta política de aniquilación. La declaración colonial de Trump, en contra de la Resolución 226B de la ONU (17 de diciembre de 1981), de «entregar» los Altos del Golán a Israel ha insensibilizado a este país sobre cualquier consideración ética. Con el pleno apoyo de los Estados Unidos, Israel tomará Jerusalén y el Golán y tratará de hacer lo que quiera con Palestina.

Es fácil conseguir el número de muertos y heridos, pero no capta lo que significa para los palestinos de Gaza vivir en una jaula. Mahmoud Darwish, el gran poeta palestino, escribió un poema antes de morir, en agosto de 2008, que esclarece la experiencia no sólo de vivir en Gaza, sino de vivir como palestino en un mundo que menosprecia tu existencia.

Cerca de lo que será

escuchamos las palabras del canario

a mí y a ti

«Cantar en una jaula es posible

y también lo es la felicidad»

El canario cuando canta

             acerca lo que será

           Mañana miraras al hoy-ayer

Dirás «fue hermoso

y no duró mucho tiempo»

y no estarás ni feliz ni triste

Mañana recordaremos que dejamos al canario

en una jaula, solo

no cantando para nosotros

sino para los francotiradores que pasan

Hay una profecía aquí. El periodista palestino Ahmed Abu Artema fue a dar un paseo nocturno en Rafah (Gaza, Palestina), su hogar. Vio aves al vuelo cruzando el perímetro que rodea a Gaza. «Nadie detuvo a los pájaros», pensó. La ocupación israelí, sentía, «corta mis alas» y «perturba mis paseos nocturnos». Pero reflexionó, ¿qué pasaría si un palestino de Gaza decidiera «verse a sí mismo como un pájaro e ir más allá de la valla»? «Si el pájaro fuera palestino, le dispararían». Se fue a casa y escribió una pregunta en Facebook «¿Qué pasaría si miles de personas, la mayoría de ellas refugiadas, intentaran cruzar pacíficamente la valla que las separa de sus tierras ancestrales?». La respuesta, claramente (como subrayo en mi informede marzo), fue que serían fusilados.

Hace un año, el 30 de marzo de 2018, el Día de la Tierra, inspirados por Abu Artema, los palestinos de Gaza comenzaron la Gran Marcha del Retorno. Decenas de miles caminaron hasta la valla que cerca el perímetro de Gaza y fueron derribados por gas lacrimógeno y francotiradores israelís. Con miles de heridos y cientos de muertos, Naciones Unidas publicó uninforme que acusaba al ejército israelí de crímenes de guerra y pidió a su gobierno que investigara estas acusaciones. En vez de ello, el gobierno de Israel no cooperó con la investigación y desestimó el informe de la comisión. El canario sigue en la jaula, cantando a los francotiradores que pasan y ahora a los bombarderos.

Linda Tabar, directora del Center for Development Studies (Universidad de Birzeit, Ramallah, Palestina), nos escribe que el «primer aniversario de las Marchas para Retornar y Romper el Cerco en Gaza nos obliga a hacer una pausa e interrogar los fallos en la concientización que marcan la indiferencia con la cual el mundo ha visto a palestinxs desarmados ser atacadxs por francotiradores y acribillados por desafiar los cercamientos coloniales, por tratar de liberarse de una prisión al aire libre y regresar a sus tierras».

La foto de arriba la tomó nuestro amigo Hafez Omar. Es un artista de Tulkaram (Palestina). El 14 de marzo, El Tribunal Militar de Ofer de Israel ordenó su detención por 12 días. Los tribunales rechazaron su apelación el 20 de marzo. Ya han pasado más de una docena de días. Sigue en la cárcel, sin acceso a su abogado. Por favor contacten a las autoridades israelíes y díganles que liberen a Hafez Omar y que dejen de bombardear Gaza. Díganles, mientras los tengan al teléfono, que pongan fin a la ocupación de Palestina.

Nabil Anani, Familia Dadoub, Belén, 1900.

La discusión sobre la ocupación israelí de Palestina plantea la sensación inevitable de futilidad, las preguntas sin fin sobre qué hacer. Y aquí realmente se trata de un panorama político inabordable. ¿Hay una salida a la ocupación de Palestina, a la negación del derecho a volver a casa de los palestinos?

El mandato de la ONU es que exista una «solución de dos Estados», para que Palestina e Israel coexistan uno al lado del otro. Es lo que ambas partes han aceptado teóricamente. La base para ello es la Resolución 242 (1967) de la ONU y la Resolución 338 (1973). Ambas resoluciones exigen la retirada de las fuerzas israelíes del Este de Jerusalén, Gaza y Cisjordania. Piden una «solución justa al problema de los refugiados» y la garantía de un territorio palestino. La política de asentamientos, que comenzó realmente con Ariel Sharon como Ministro de Agricultura en 1977 y continúa con estímulo oficial, invalida la solución de dos Estados. Los colonos israelíes dominan el gobierno. No se les puede tratar con ligereza dentro de Israel. Han vetado la solución de dos Estados. Han comenzado a anexar lo que llaman Judea y Samaria. Primero, su lenguaje se apodera de la zona. Luego comienzan a construir asentamientos. Esto provoca una reacción palestina. Entonces vienen los muros, los puestos de control, las topadoras, la destrucción de la vida palestina, la humillación – todo ello diseñado para aumentar el costo de la vida y presionar a los palestinos a que decidan huir. Teju Colellama a este proceso «violencia fría». «Poner a un pueblo en profunda incertidumbre sobre los fundamentos de la vida, por años y décadas», escribe, «es una forma de violencia fría». Lo que vemos aquí, además de los bombardeos, es violencia fría, violencia lenta.

La posición israelí, si somos francos, no es a favor de una solución de dos Estados, sino a favor de una de tres Estados. Empujar a los palestinos a Egipto, Jordania y Líbano. Es una política de aniquilación (deshacerse de los palestinos) y una política de anexión (apoderarse de la tierra y los recursos palestinos).

Gaza, 25 de marzo de 2019.

La posición justa es por la solución de un solo Estado, pero esto ha sido rechazado por los sionistas. Una antigua Resolución 194 de la ONU, del 11 de diciembre de 1948, afirmaba que los palestinos expropiados tenían derecho a regresar a sus hogares «lo más pronto posible». Se esperaba que las distintas comunidades encontraran una forma de convivir, y que se llegaría a una solución política laica para el pueblo. No sucedió. Hoy en día, es difícil imaginar esa solución, ya que la derecha sionista se convierte en el centro extremo de Israel. La idea de que Israel es un Estado judío niega la posibilidad de la solución de un solo Estado. El Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu declaró oficialmente que la solución que prefiere es «un Estado palestino desmilitarizado que reconozca un Estado judío, el Estado nacional del pueblo judío». Mientras la clase política israelí, que domina el debate, presione con fuerza por esta identidad étnico-nacional, la opción de un solo Estado queda descartada. Lo que hay es apartheid. Israel es un Estado y una sociedad de apartheid. La clase dominante israelí no permitirá que los palestinos tengan ciudadanía plena en un Israel-Palestina unificado. Lo han dicho claramente.

Larissa Sarsour, Estado Nación, 2013.

¿Qué queda para Palestina? Si miran el cortometraje de nueve minutos de Larissa Sansour, Nation Estate [Nación Propiedad] (2012), se encontrarán en un edificio que es Palestina, con sus ciudades (Ramallah, Jerusalén) en diferentes pisos. Es una notable imagen de ciencia ficción de la Palestina de hoy y hacia el futuro. Estamos en un estado de ocupación interminable. Esto no es futurismo, sino la esencia del presente.

Larissa Sansour fue precedida por Sulafa Jadallah (1941-2002). El arte de Jadallah está inextricablemente ligado a la política de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en cuya División de Fotografía ella comenzó su carrera. Las fotografías de refugiados palestinos y de combatientes palestinos (fedayeen) proporcionaron una base de inspiración para su lucha. Jadallah se unió a la recién creada Unidad de Cine Palestino, donde realizó varias películas importantes para la lucha por la libertad. Le rendimos homenaje para honrar a lxs soñadorxs y visionarios, a los pájaros enjaulados que se niegan a dejar de cantar.

Haifa Subay, Víctimas Silenciosas, 2018.

Ha comenzado ya el quinto año de la guerra saudí contra Yemen. Se trata de una guerra olvidada, una guerra sin fin. Una guerra como la de Estados Unidos contra Afganistán. Es una guerra como la guerra interminable contra lxs pobres, cuyas vidas no pueden comenzar porque sus opciones están limitadas por la política comercial y por la huelga de inversiones del 1% más rico. Es una guerra conocida para lxs palestinos, lxs cubanos, el pueblo de la República Democrática del Congo, una guerra que también la conoce muy bien el pueblo venezolano.

En esta guerra, el canario en la jaula no encuentra la salida, pero, sin embargo, continúa cantando. El canario sueña con un mundo en el que las barras de su jaula se derritan y donde podrá volar de un extremo al otro del planeta. Volará junto con los pájaros de Abu Artema, cruzando la cerca, buscando el último cielo.

Cordialmente,

Vijay

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