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Dossier N° 15, El arte de la revolución será internacionalista

Estimados amigos y amigas

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Cuando era un niño en Calcuta (India), un grupo de personas de la Editorial Progreso (URSS) vino a mi escuela. Pusieron una mesa con una variedad de libros para que los miráramos – y quizás – compráramos. Había libros para niñxs y las obras de Karl Marx así como una serie de novelas de autores rusos, pero además de escritores de África y del resto de Asia. Por la razón que fuera, ese día, en 1981, compré La resurrección (1899) de León Tolstoy. Más tarde reflexionaría sobre el hecho de que los soviéticos publicaran escritores – como Tolstoy e Iván Turguénev – que tenían una gama de opiniones políticas bastante alejadas del socialismo. Pero, en ese tiempo, me adentré en el libro de Tolstoy que había comprado por casi nada.

Un aristócrata ruso, el Conde Dmitri Ivanovich Nekhlyudov, tiene una aventura con una sirvienta, Katerina Mikhaelovna Maslova, en la casa de sus tías. Nekhlyudov, quien sigue adelante con su vida, no se entera del destino de Maslova. Diez años después, forma parte de un jurado que tiene ante sí a Maslova, ahora una trabajadora sexual acusada de asesinato. Maslova envenenó a un cliente que la había golpeado. El Conde quiere salvarla y le suplica que se case con él, pero a ella no le interesa. «Obtuviste tu placer de mí en este mundo», le dice respecto a su caridad cristiana, «y ahora quieres obtener tu salvación a través de mí en el mundo venidero».

Maslova es enviada a Siberia. Nekhlyudov la sigue. Se entera de los horrores del sistema penitenciario. Tolstoy no escatima en los detalles. Es una lectura difícil. Las cárceles en la novela describen las cárceles hoy. Son lugares repugnantes que se llevan la humanidad de las personas. El conde Nekhlyudov comienza una discusión con su cuñado Rogozhinsky sobre tribunales y prisiones. Rogozhinsky dice que los tribunales y las prisiones son necesarios para la justicia. «Como si la justicia fuera el objetivo de la ley» dice el Conde. Entonces qué, pregunta su cuñado. «¡La defensa de los intereses de clase! Creo que la ley es solo un instrumento para sostener el orden existente que beneficia a nuestra clase.» Su veredicto es completo. Pero ¿qué puede hacer él? Nada.

Nekhlyudov no puede salvar a Maslova. Tampoco a la fila de prisioneros demacrados que salen de las cárceles congeladas para morir en las calles. «El hombre no debe humanidad al hombre», dijo el Conde. Tolstoy solo pudo terminar la novela con la esperanza de un Reino de los Cielos en la Tierra con citas de la Biblia arremolinándose en la cabeza del Conde.

Instalación de arte antifascista del Primero de Mayo en el Canal Obvodny, Leningrado, URSS, 1932

La novela de Tolstoy no pudo resolver el problema de Maslova. Pero la novela sacó a la superficie la inhumanidad. Este es, en términos generales, el propósito del arte. El arte no cambia el mundo por sí solo. Leer una novela o mirar un diseño puede llamar nuestra atención sobre los problemas e incluso proporcionarnos una comprensión de estos. Pero no puede por sí solo cambiar el mundo. El arte y la literatura nos advierten de las contradicciones de nuestro mundo, nos muestran cómo estas contradicciones – como la del encarcelamiento de Maslova – no pueden ser superadas por sentimientos liberales de bondad. Las luchas son necesarias. Nekhlyudov lo sabe. La cárcel defiende «intereses de clase» dice, refiriéndose a los intereses de la clase de la aristocracia y de los industriales. Los intereses de otras clases, de lxs trabajadorxs, como Maslova, fueron suprimidos. El arte reveló la eliminación, pero solo la lucha llevaría esa revelación más lejos.

Federación de Mujeres de Brasil, xilografía (1950)

Desde el Instituto Tricontinental de Investigación Social llega nuestro 15º dossier: El arte de la revolución será internacionalista. Comienza en la Biblioteca y Memorial Marx de Londres, pero pronto se sumerge profundamente en el paisaje estético de la Revolución Cubana. Porque fue en Cuba, en la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) donde se produjo la más amplia gama de arte para aludir a las más desagradables realidades de nuestro mundo y apuntar con el dedo las luchas que podrían superarlas. Una de las partes más fascinantes de la teoría cubana para la producción de arte radical es su apertura a la innovación. Esto me trajo a la memoria un discurso pronunciado por el revolucionario chino Zhou Enlai el 19 de junio de 1961 en un foro de escritores y artistas. Zhou Enlai habló de la importancia del arte y la literatura para el pleno desarrollo de la conciencia humana.  Pero fue cauteloso respecto a un enfoque demasiado estrecho del arte y la literatura. En su típico modo generoso, Zhou Enlai escribió:

El trabajo [de un artista o intelectual radical] debe ser llevado a cabo a la manera de una brisa mansa y una lluvia suave. No se puede hacer con prisa. Debe hacerse durante un largo período de tiempo y pacientemente.

El cambio se produce a ritmos diferentes. El cambio político, como la remoción de un gobierno, puede ser veloz. El cambio económico es más lento, los sistemas de producción son mucho más difíciles de transformar que el derrocamiento de un gobierno. Cambiar los sistemas sociales es más difícil aún, instituciones como la familia que tienen profundas raíces no solo en nuestra conciencia, sino hasta en nuestra infraestructura (pensemos en como se construyen nuestras viviendas, para facilitar una visión ideológica de la ‘familia’). Pero lo más difícil de cambiar son las rigideces de la cultura, las raíces de las normas y las costumbres que se adentran en el centro de la experiencia humana. Los prejuicios de todo tipo – el racismo y el patriarcado – yacen muy por debajo de la superficie, y requieren lo que Zhou Enlai llamó «remodelación ideológica» para alterarlos. «No se puede hacer apresuradamente» dice Zhou Enlai varias veces en su discurso. Tal trabajo cultural toma tiempo. Tiene que cavar suavemente en la tierra para investigar la raíces, cavando más profundamente para entender su poder. El cambio radical tiene que enfrentar los bloqueos de la cultura. Se necesita dos tipos de trabajo: el trabajo cultural para ampliar la imaginación y el trabajo político, para socavar el poder de formas culturales repugnantes/desagradables.

Si usted es artista o diseñadorx lo invitamos a unirse a nuestra red de artistas y diseñadorxs. Este dossier es su invitación.

Haydée Santamaria, 1922-1980.
Nuestro homenaje esta semana es para nuestrxs amigxs de Cuba, en este caso a la Casa de las Américas, que fue dirigida durante muchos años por Haydée Santamaría. La Casa, como se la llamaba, fue fundada el 28 de abril de 1959 para promover las artes y expandir la imaginación. Es una institución cultural central no solo para Cuba, sino para toda Latinoamérica.
Las balas no lastiman. El silencio de las personas sí. Khartoum, Sudan, 2019.

La vieja cantinela se reafirma: no están preparados para la democracia. Occidente y los países árabes del Golfo respaldan al viejo general Khalifa Hafter mientras sus fuerzas poco a poco toman el control de toda Libia (miren mi columna). Se mira a sí mismo en el espejo de su contraparte egipcia, el «hombre duro», Abdel Fatteh al-Sisi. Los tribunales marroquíes enviaron a los rebeldes del movimiento Hirak de la zona del Rif a los calabozos del rey. Argelia cambió un líder por otro, manteniendo intacto el Pouvoir. Pouvoir, es decir Poder, es una forma elegante de describirlo. Sugiere que estos países requieren liderazgos fuertes y autoritarios, no democracia. He aquí una profunda presunción cultural, la idea de que la democracia no puede prosperar en todas partes. Es una más de esas ideas que tienen que ser enfrentadas ideológica y prácticamente. Esta visión superficial tiene que ser confrontada con la larga tradición de lucha por la emancipación plena en el norte de África, una lucha evidente en la Guerra del Rif de Marruecos en la década de 1920 y que se extiende hasta las sucesivas huelgas en las fábricas textiles de El-Mahalla el-Kubra de Egipto. Cada una de estas expresiones de democracia son aplastadas, a menudo con el respaldo total de las personas que dicen que la población norafricana no está lista para la democracia.

Tal infamia que niega al pueblo derechos básicos plantea también la pregunta: ¿es posible el arte revolucionario en estos tiempos, cuando el arte en sí mismo se ha convertido en propiedad y en un medio para vender productos? En uno de sus ensayos fundamentales, John Berger escribió que los artistas deben «continuar, independientemente del tratamiento inmediato de su obra; que deben dirigirse al futuro… para reemplazar la contingencia con la necesidad» Las cosas no son como son, ni en Sudán ni en el mundo de Katerina Mikhaelovna Maslova y su clase. Quieren que la «brisa mansa y la lluvia suave» se lleven el sedimento tóxico de siglos y creen un paisaje lo suficientemente fértil para el mundo que anhelamos.

Cordialmente,

Vijay

Portada del libro The East Was Read [El Este era rojo]

PD. En Delhi LeftWord Books publicó un pequeño volumen de ensayos sobre la cultura socialista en el Tercer Mundo. El libro llamado The East Was Read [El Este era rojo] comienza con un ensayo de Ngugi wa Thiong’o sobre su experiencia al escribir su monumental novela Pétalos de Sangre en Yalta (URSS).

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