Estimados amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se reunió con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Dos veces en dos días Trump hizo declaraciones a la prensa de las cuales después se retractaría. Cuando le preguntaron si Rusia interfirió en las elecciones estadounidenses, respondió: «No veo ninguna razón por la que podría ser ‘Rusia’». Más tarde, modificó su declaración diciendo que cuando dijo «podría», quiso decir «no podría». Esta junto con otra rectificación igualmente extraña, sugieren una novedosa forma de mantener el ciclo de noticias centrado en las payasadas de Trump y en la extraña perspectiva de la interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses. Sin tomar en cuenta que Estados Unidos interfiere rutinariamente en los procesos políticos de países de todo el mundo (desde golpes directos contra gobiernos hasta inyecciones de efectivo para sus aliados). Tampoco se dice nada sobre los juegos geopolíticos en marcha en Eurasia: la expansión de la OTAN en Europa Oriental y Asia Central, el embargo impuesto por Estados Unidos a Irán y la expansión de las iniciativas [también conocidas como «Nueva ruta de la seda»] «Belt and Road» desde China hacia Turquía y «String of Pearls» desde el Mar de China Meridional a Puerto Sudán. ¿Desean leer sobre estos acontecimientos en Asia o acerca de los desafíos de América del Sur? ¿A dónde acuden? 

Las corporaciones de medios, de propiedad de empresas monopólicas y en estrecho contacto con Estados poderosos, reproducen en su totalidad la ideología de los poderosos. Leer una nota sobre Siria en un periódico occidental, por ejemplo, es un ejercicio de incredulidad. Las fuentes son repetitivas: dice un funcionario estadounidense, dice un oficial estadounidense, dijo un oficial estadounidense en un país no identificado de Oriente Medio. Es como si lxs periodistxs se hubieran convertido en simples taquígrafxs de lxs poderosxs. En Frontline, publiqué una reseña de las memorias de Seymour Hersh sobre ser reporterx durante los últimos 50 años en los Estados Unidos. En su libro, Hersh dice sobre la cobertura de la guerra de Estados Unidos contra Vietnam: «si apoyabas la guerra, eras objetivo, si estabas contra, eras un izquierdoso, no confiable».

Hersh estaba hablando de la época de la Guerra de Vietnam. Los asuntos son mas lóbregos ahora. En su nuevo libro Democracy in Chains [Democracia encadenada en traducción libre], la historiadora Nancy McLean cuenta la historia de un proyecto diabólico de algunos plutócratas para conseguir una victoria total en la batalla de las ideas. Nancy le contó a P. Ambedkhar de la oficina de Nueva Delhi del Instituto Tricontinental de Investigación Social sobre el plan de la derecha para controlar el ambiente intelectual, no solo los medios de comunicación, sino también las otras industrias productoras de cultura (incluyendo la academia). Una de las características que no debe ignorarse es la huella global de este proyecto. Nancy señala al Atlas Group, que lleva las ideas de la «libre empresa» y la «libertad individual», rasgos clásicos de lxs libertarixs de derecha, a países de todo el mundo. Vale la pena visitar el sitio web del Atlas Group y estudiar la lista de grupos que están encadenando a la democracia. Para un breve ejemplo de lo que este proyecto está haciendo en América Latina, miren el reportaje de Lee Fang en The Intercept. 

Entonces, surge de nuevo la pregunta, ¿dónde acudes para conseguir noticias y análisis? Hace unos años, los movimientos populares de América Latina desarrollaron un medio de comunicación llamado The Dawn. Hoy The Dawn renace como People’s Dispatch (Correo de los Pueblos). Con sede en Nueva Delhi y corresponsales en todo el mundo, desde Sudamérica hasta el Norte de África, desde Europa del Este hasta el Sudeste Asiático, People’s Dispatch será tanto un cable de noticias como un lugar para análisis más exhaustivos de las noticias desde la perspectiva de los movimientos populares. Fue lanzado hoy, en el cumpleaños de Frantz Fanon, quien jugó un rol importante como periodista de la Revolución Argelina. En el sitio web, publiqué un breve ensayo sobre la voz de los pueblos y la necesidad de una plataforma de medios de este tipo. Por favor visiten People’s Dispatch para tener una idea completa de todo lo que está disponible allí. 

La primera imagen es de João Silva, el destacado fotoperiodista sudafricano nacido en Portugal.

La imagen aquí arriba es de la fotoperiodista iraní Hengameh Golestan. Ella sigue siendo una de las mejores cronistas de la revolución iraní, no solo de las manifestaciones contra el Sha de Irán, sino también de las luchas dentro del nuevo Irán en torno a cuestiones de la vida social. Su serie más cautivadora es sobre las protestas por la ley del hiyab. El 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres, las calles de Teherán se llenaron de gente contra la ley que obliga al uso del hiyab. La Revolución Iraní, recordó Golestan, enseñó a la gente a tomarse las calles si querían decir algo. Pero lxs manifestantes fallaron en su intento de rechazar a los clérigos. La ley permaneció. No obstante, la sensibilidad de la protesta y su posibilidad no se han ido. Se reafirman de cuando en cuando. 

Irán es retratado de una forma que aplana sus complejidades. Ha habido mejoras considerables en la vida del pueblo iraní desde el derrocamiento del Sha, pero también limitaciones significativas. Una medida que está con frecuencia sobre la mesa de discusión es la situación de las mujeres en Irán. Ciertamente el Estado impone restricciones al ingreso de las mujeres en muchas áreas de la vida pública, incluyendo los niveles más altos de poder político (las mujeres son descalificadas rutinariamente para las elecciones presidenciales así como para la elección de la Asamblea de Expertos). Pero, por otro lado, la alfabetización de las mujeres ahora es universal (de un 35% en 1976) y el porcentaje de mujeres profesionales se ha incrementado sostenidamente (más de un tercio de lxs médicxs y más del 60% de lxs funcionarixs públicos son mujeres). Las protestas son una característica constante de la vida iraní, las manifestaciones de diciembre de 2017 y enero de 2018 son un ejemplo ilustrativo.

Cuánto más plana la imagen de Irán, más fácil le resulta a los Estados Unidos vender la idea de que un régimen de sanciones menores o un bombardeo pueden, de alguna manera, marcar el comienzo de la emancipación. Este es el tipo de pensamiento que impulsó la guerra de Estados Unidos contra Irak en 2003. Es una cosmovisión mesiánica que considera al mundo en necesidad de bombas estadounidenses como catalizadoras del cambio. Se nos hace creer que ningún cambio puede venir desde dentro de una sociedad y que solamente la inanición construida (mediante sanciones) o los bombardeos masivos pueden hacerlo. Es una mirada peligrosa replicada en términos menos sensacionalistas por los medios internacionales.

Mientras tanto, la amenaza de sanciones ya ha empezado a perjudicar a la economía iraní. La atención dentro de Irán no está enfocada en como expandir efectivamente el reinado de la libertad dentro del país, sino en como sobrevivir a las políticas vengativas de Occidente. Para tener una idea de las políticas empleadas para estrangular a Irán, pueden leer el reportaje de Paul Cochrane sobre los complots y planes contra Irán del Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales, conocido también como GAFI [Financial Action Task Force] con sede en París. Una de las demandas que esta misteriosa fuerza tarea ha hecho al gobierno iraní es que enmiende el Artículo 154 de su Constitución («Mientras que se abstiene completamente de cualquier tipo de intervención en los asuntos internos de otras naciones, apoya las luchas de lxs oprimidxs por sus derechos contra lxs opresorxs en cualquier lugar del mundo»). Este enunciado anticolonial genérico -junto con la Resolución 1514 de 1960 de la Asamblea General de la ONU-, es una abominación para esta agencia occidental que tiene la capacidad de arruinar la habilidad de funcionamiento de la economía iraní.

Claramente, esta es presión política del peor tipo. Y, como muestro en mi columna esta semana, si el gobierno de Trump se sale con la suya con nuevas sanciones antes del 4 de noviembre, los precios del petróleo podrían dispararse de 70 dólares por barril a 250, por la expectativa de una guerra pequeña o grande con Irán. Terribles, aterradoras posibilidades. 

La polarización política parece ser el estado de ánimo de nuestros tiempos. Pero esta polarización no necesariamente tiene que ver con líneas de debate productivas, por ejemplo, como enfrentar los peligros del hambre. Se da a menudo en temas desconcertantes, como por ejemplo, la cuestión de la interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos. 

En Sao Paulo (Brasil), lo que me impactó fue que para ambos lados de la división política, Lula es el objetivo: de la izquierda para su liberación y entrada completa en la campaña electoral, y de la derecha, para que continúe encarcelado, con una negativa total a su retorno a la política electoral. Lula es mítico: las esperanzas de democracia y el emblema de la antidemocracia. Por lo menos en Brasil, a diferencia de Estados Unidos (interferencia rusa) o Europa (Brexit) el tema de Lula es el problema político central y real que divide al país. Lula es el campo de batalla de una gran lucha de clases. La disputa sobre él representa la lucha sobre quien debería tener la autoridad para impulsar una agenda en el país más grande de América Latina. Para mi reportaje en The Hindu, conversé con Neuri Rossetto del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y Valter Pomar del Partido de los Trabajadores (PT), entre otros, para orientarme sobre la crisis de las instituciones en Brasil y lo que esto significará para el país en los meses por venir (por favor lean el dossier sobre Brasil del Instituto Tricontinental de Investigación Social). 

Hace unos 25 años, Lula, junto con Fidel Castro, formaron el Foro de São Paulo. En su XXIV Reunión, la semana pasada en La Habana (Cuba), el Foro congregó a 400 delegados de varios movimientos políticos y sociales. La directora del Foro, Mónica Valente, del Partido de los Trabajadores, de Brasil, expuso las contradicciones del momento y describió honestamente los fracasos de la izquierda en el período reciente. No es suficiente con arremeter, dijo. En política uno tiene que resistir con inteligencia y determinación.

Y uno tiene que leer. Entonces, vayan y miren el Correo de los Pueblos (People’s Dispatch)

Cordialmente,

Vijay

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