Estimados amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

El título de este boletín – mi tierra es donde pisan mis pies – es el lema de un lugar de reunión en Palermo (Italia) llamado Moltivolti, Muchas caras. Su lema – La mia terra è dove poggio i miei piedi – se refiere a la experiencia de sus propietarixs, todxs inmigrantes, de Afganistán, Bangladesh, Francia, Gambia, Senegal, España, Zambia y otras partes de Italia. Es una frase que merece ser grabada en los pasaportes y en las fronteras, en los paisajes que sugieren una división de la unidad esencial de la humanidad.

El gobierno de la India acaba de decidir privar del derecho al voto a 4 millones de personas que viven en el estado de Assam. Lo que les sobrevendrá no está claro. Esta población, en su mayoría musulmana, es casi cuatro veces más que la población total de la comunidad rohinyá, que fue expulsada sin piedad de su tierra natal en Myanmar y enviada al exilio a Bangladesh y otros lugares. La mayoría de ustedes que leen este boletín están familiarizados con la crisis de refugiados en el Mediterráneo, pero no todos sabrán que hay millones de seres humanos en África y en Asia que están moviéndose, y cuyos movimientos están restringidos por fronteras de un tipo u otro.

Es bien conocido que hay un flujo constante de inmigrantes de toda África hacia Libia y Europa. Pero lo que no está tan claro es como Europa y los Estados Unidos comenzaron a lidiar con este «problema». Lo que los dirigentes europeos y los estadounidenses han hecho es mover, sin debate internacional alguno, la frontera de Europa desde el extremo norte del Mar Mediterráneo hasta el extremo sur del Desierto del Sahara. Han gastado cientos de millones de euros y de dólares para construir un cordón militar atravesando el Sahel desde Mauritania hasta Chad. Los pretextos son la Guerra contra el Terrorismo y la Guerra contra las Drogas. Pero eso es solo una parte de la historia. La verdadera historia está en otro lado, en el corazón de una nueva expansión militar de Occidente. Para leer más sobre esto y sobre el infame presupuesto militar estadounidense para el próximo año, por favor miren mi reportaje de esta semana aquí.

Es mucho más fácil centrarse en la cuestión del Brexit y en los anuncios sobre comercio internacional de Trump, realmente mucho más fácil hablar de la intervención rusa en las elecciones estadounidenses; lo que es mucho más difícil es centrarse en asuntos que afectan a cientos de millones de personas de África y Asia, así como en las personas que dentro de Estados Unidos están privadas de sus derechos electorales, como informo aquí para Frontline.

La pintura de arriba es de la pintora yemení Haifa Subay. Es su último trabajo. Sugiere los restos humanos de la terrible guerra que le sucede a su pueblo, un pueblo cuya tierra ya no parece sostener sus pies.

Nuestrxs amigxs de Abahlali baseMjondolo – el movimiento de habitantes de barracas en Sudáfrica – denunciaron varios incidentes de ataques contra sus líderes y amenazas de ejecuciones. Estos continúan activos. La violencia es parte integral de la forma como la propiedad es defendida de los pueblos. «Nuestras vidas siguen sin contar para nada en esta sociedad», escriben. «Podemos ser desalojadxs, amenazadxs y asesinadxs con impunidad. No retrocederemos. La lucha por la tierra y la dignidad continúa». Pero es importante que reciban mensajes de solidaridad y que las autoridades de Sudáfrica estén informadas de que hay un mundo que está observando cómo el Estado responde a la búsqueda de justicia de lxs más pobres en su país. Para más información sobre las luchas en Sudáfrica y el papel de los sindicatos, consulten este nuevo reportaje sobre el trabajo del Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos.

Hay tanta crueldad en nuestro mundo. No es una crueldad creada por la naturaleza humana, sino por las motivaciones incorporadas en un sistema que pone a la propiedad, al poder y a los privilegios por sobre otras motivaciones humanas más grandes. Defiende estos principios restringidos con la fuerza de las armas, sin permitir que otros impulsos más poderosos sean una oportunidad en la batalla de las ideas. Leer a Corina Rodríguez Enríquez de Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una Nueva Era (DAWN, por sus siglas en inglés) sobre la importancia de los sistemas de cuidado proporciona otro ejemplo de la crueldad. Tomando el ejemplo de México, Rodríguez Enríquez muestra que el «valor monetario del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado se estima en 21% del PIB, más que la manufactura, el comercio, la construcción, el transporte y la minería juntos». A pesar de esto, el poder de las trabajadoras domésticas y de cuidado remuneradas y no remuneradas es prácticamente nulo. Muchas de las mujeres y hombres que viven barracas en Sudáfrica y están organizadxs en Abahlali baseMjondolo trabajan en estos sectores. No solo ayudan a reproducir la sociedad humana, sino que también producen valor monetario, como nos muestra Rodríguez Enríquez.

ONU Mujeres encontró que en todo el continente africano, casi la mitad de las casas están a más de 15 minutos de las fuentes de agua. Esto significa que las niñas y las mujeres, principales proveedoras de agua, tienen que transportar el agua en más del 70% de los hogares. Les toma tiempo hacer este trabajo, tiempo que se resta de otras actividades, de hecho les toma 40 mil millones de horas por año hacerlo (equivalente a un año de trabajo de la fuerza laboral francesa). Esto es importante para Rodríguez Enríquez y para ONU Mujeres porque muestra la falta de inversión del Estado para eliminar las cargas de género impuestas por la economía de los cuidados.

 

Rodríguez Enríquez se refiere al gobierno de Uruguay, que ha creado el Sistema Nacional de Cuidados. Se debe enfatizar tres puntos aquí: (1) Uruguay provee cuidado infantil para niñxs menores de 3 años a escala nacional (2) Uruguay brinda servicios para personas ancianas y para personas con discapacidad (3) Uruguay ha profesionalizado los servicios de cuidado remunerados, de modo que este sector salió de las sombras (un informe de 2016 de la OIT mostró que 50 de los 67 millones de trabajadorxs domésticxs se encuentra en el sector informal). Este debería ser un modelo para los gobiernos de todo el mundo.

La imagen de Mohannad Darabee es de la joven militante palestina, Ahed Tamimi, que acaba de ser liberada después de cumplir una condena de ocho meses en una prisión israelí, está junto a su madre. Ahed, que cumplió 17 años en la cárcel, fue encarcelada por golpear a un soldado israelí un día después de que las tropas israelíes dispararan contra su aldea de Nabi Saleh, alcanzando a su primo Mohammed. Ahed es valiente. Ella es una de lxs muchxs, muchxs niñxs que están en primera línea de las luchas para construir un mundo decente. Alice Speri escribió un encantador ensayo sobre el regreso de Ahed con su familia. Es una lectura larga, pero la recomiendo para este fin de semana. También hay una publicación sobre Ahed y el BDS [Movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones]en el blog del sitio web de LeftWord Books, así como una reseña del libro de esta editorial sobre el Palestine’s Freedom Theatre[Teatro de Libertad de Palestina, en traducción libre], un centro cultural comunitario que es una pieza clave en la lucha por la emancipación del pueblo palestino.

En Palestina, Abdelaziz Mousa Thabet y Sanaa Thabet, ambos del Centro de Capacitación y Asesoramiento para Niñxs y Familias en Gaza, escriben con mucho sentimiento sobre el trauma infligido a estxs niñxs por la ocupación israelí. Son científicos (Abdelaziz fue Profesor de Psiquiatría Infantil y Adolescente en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Al Quds en Jerusalén). Su trabajo y los de Nadera Shalhoub-Kevorkian de la Universidad Hebrea de Jerusalén muestran el daño causado a estxs niñxs. Por muy valientes que sean, todavía son niñxs. Una razón más por la cual la ocupación israelí es tan horrible, tan brutal.

Hablando de niñxs, en Dhaka (Bangladesh), jóvenes escolares han ocupado los centros de las ciudades. Están enojadxs porque el Estado no ha podido protegerlxs en sus viajes a la escuela, que a menudo son largos. La muerte de dos adolescentes, atropellados por un autobús a alta velocidad, provocó esta protesta de casi una semana de duración. Un letrero pone el dial en ‘revuelta’: «Vía cerrada. Reparación nacional en marcha». Son lxs niñxs quienes han hecho este reclamo. Ellxs quieren mucho más. La imagen de arriba es de la cronista bangladeshí de la clase trabajadora, Taslima Akhter, que enseña en la Pathshala South Asian Media Academy. El trabajo de Taslima para documentar la vida de los trabajadores de la confección y documentar su muerte (en Rana Plaza) debe ser ampliamente visto. Esperamos que estxs niñxs promuevan una nueva y contagiosa dinámica en Bangladesh.

Desde el Instituto Tricontinental de Investigación Social lanzamos la próxima semana nuestro dossier sobre las guerras comerciales y el imperialismo del capital financiero, un dossier dedicado a una fascinante entrevista con el profesor Prabhat Patnaik. Para consultar ediciones anteriores de este boletín, nuestros dossiers y nuestro documento de trabajo, visiten nuestro sitio web. Y, si tienen ganas de reírse un poco, lean mi reseña de la excelente película de Boots Riley, Sorry to Bother You [Perdón por molestarlo, en traducción libre]. El título de la película refleja cómo me siento cuando les envío estos boletines. Perdón por molestarlos, pero que así sea.

Cordialmente,

Vijay

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