Estimados amigos y amigas

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social

«Estamos perdiendo la lucha contra la hambruna», dijo el Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios y Coordinador del Socorro de Emergencia de la ONU, Mark Lowcock al Consejo de Seguridad de la ONU el 21 de septiembre. Estaba hablando sobre Yemen, que había sido bombardeado por la monstruosa ira de las armas de Arabia Sudira y los Emiratos Árabes Unidos desde marzo de 2015.

Lise Grande, la Coordinadora Residente de la ONU en Yemen, coincide, diciendo que «no hay otro lugar en el mundo donde la gente esté sufriendo tanto» Los hechos son desgarradores. Tres cuartas partes de la población necesita desesperadamente de asistencia básica, más de dos millones de yemeníes están desplazados dentro del país, más de la mitad de los 28 millones de habitantes necesitan atención médica. «Las cifras» dice Grande, «son casi imposibles de entender». Un niño yemení muere cada diez minutos. El Comité de Derechos Humanos de la ONU llamó a los niños yemeníes los «escombros inocentes de este conflicto».   

Esta guerra es una creación del Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, quien ha apostado su prestigio a una victoria saudí. Arabia Saudita dijo que fue a la guerra a controlar las ambiciones iraníes en la península. No hubo ni hay evidencia de ninguna influencia de Irán en Yemen, ni tampoco de ningún suministro de armas iraní a los grupos yemeníes que Arabia Saudita quiere aniquilar. Dado que la razón para la guerra es ilusoria, es imposible que Arabia Saudita sepa cuando ganó, si tu enemigo es un fantasma, ¿cómo sabes cuándo ha sido derrotado el fantasma?

Las denuncias de crímenes de guerra han sido innumerables, con ataques a civiles, bombardeos de hospitales, escuelas, mercados y bodas. En un fuerte editorial, The Irish Times llama a esta guerra «un vergonzoso procesamiento de las potencias mundiales». Este enunciado es agudo porque Estados Unidos y el Reino Unido continúan reabasteciendo a los gobiernos de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos con las armas que se usan en esta guerra. 

La moralidad no juega ningún papel aquí. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump rechazó cualquier congelamiento de la venta de armas a Arabia Saudita, incluso luego de que quedó claro de que los sauditas habían asesinado al periodista saudita Jamal Khashoggi. Estados Unidos es el mayor comerciante de armas del mundo y Arabia Saudita es su mayor comprador (20% de las ventas de armas estadounidenses se destinan al reino). Entre 2008 – 2012 y 2013 – 2017, las ventas de armas de Estados Unidos a Arabia Saudita aumentaron 448%. No sorprende que el Secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, se haya sentado con Mohammed Bin Salman y se haya negado a hablar del asesinato de Khashoggi, para luego ir apresuradamente a Turquía a decirle al gobierno turco que se abstuviera de solicitar una investigación sobre la muerte, que tuvo lugar en suelo turco. Ninguno de los gobiernos, ni el de Estados Unidos ni el del Reino Unido, tienen ganas de dejar de venderle armas a Arabia Saudita. 

Khashoggi tiene pocos desacuerdos fundamentales con el régimen saudita. Había apoyado la guerra saudita contra Yemen sobre la base de que Arabia Saudita tenía que luchar contra Irán, pero el año pasado se sintió descorazonado por como la guerra había dañado la reputación del reino. Esta fue una crítica suave. Sin embargo, cualquier crítica está prohibida por el régimen, que asesinó brutalmente a Jamal Khashoggi. Para más información sobre esto, por favor lean mi columna. 

La cuenta de Twitter llamada “Prisoners of Conscie” [por prisioneros de conciencia] describe la profundidad de la versión de Guantánamo que existe en Arabia Saudita, los cientos de periodistas, intelectuales y activistas sauditas que desaparecen en las mazmorras de ese reino. Se presta muy poca atención a esto. Entre aquellxs en prisión están las activistas por los derechos de las mujeres: Amal al-Harbi, Aziza al-Yousef, Eman al-Nafjan, Hatoon al-Fassi, Loujain al-Hathloul, Mayaa al-Zahrani, Nassima al-Sadah, Nouf Abdelaziz y Samar Badawi. Este verano, Ravina Shamdasani, la portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU dijo que «se desconoce el paradero» de muchas de estas mujeres. 

La pintura de arriba es del artista soviético Alexander Labas «Usando una máscara de gas» (1931).  El título de este boletín hace eco de una línea del poema de guerra de Wilfred Owen, Himno para una juventud condenada (1917). Tanto Labas como Owens fueron dañados por la violencia de la Gran Guerra de 1914 – 1918. Ese tipo de violencia es la violencia contra Yemen. 

Es imposible creer que Brasil vuelva a ser  gobernado por una dictadura militar, por la furia de las armas. Pero, si el ultraderechista Jair Bolsonaro gana la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 28 de octubre, se podría detectar trazas de dictadura. En una entrevista importante, el líder del MST, João Pedro Stedile dijo que esta elección en Brasil no es meramente una elección entre dos candidatos sino una contienda entre dos proyectos, el de la burguesía que se ha reunido en torno a Bolsonaro, y el del pueblo, que aún no se ha reunido totalmente en torno a Fernando Haddad. La profesora Mónica Bruckmann, que enseña en la Universidad Federal de Río de Janeiro, me dijo que una victoria de Bolsonaro significaría un «retroceso a los días más oscuros de los gobiernos autoritarios en Brasil y en América Latina» (por favor miren mi artículo en la edición de The Hindu de este jueves).

#EleNão, #ElNo, dicen gran número de brasileñas y brasileños. Se refieren a Bolsonaro. Algunas encuestas han comenzado a mostrar que Haddad está ganando apoyo. La corrupción en el bando de Bolsonaro podría ser su perdición. Si esta subida en las encuestas puede ocurrir lo suficientemente rápido, solo se verá la noche del 28 de octubre.

La foto de arriba, de la marcha #ElNo, fue tomada por Tuane Fernandes de Mídia Ninja.

La violencia contra personas comunes y corrientes que apoyan al Partido de los Trabajadores es impactante. Tiene un efecto escalofriante en la sociedad. Es el mismo tipo de violencia que se ha vuelto común contra los líderes de los habitantes de barracas en Sudáfrica. La coordinadora del Instituto Tricontinental de Investigación Social, Celina della Croce, entrevistó a uno de los líderes de los habitantes de barracas: S’bu Zikode. Nos da una idea de la resiliencia del pueblo. Es el mismo tipo de actitud que uno puede ver en Brasil. El No, sino nosotrxs. Esa es la actitud. 

En 1992, el ex empleado del gobierno estadounidense, Francis Fukuyama, escribió un libro que se volvió punto de referencia: El fin de la historia. Fukuyama argumentó que el mayor conflicto ideológico de la época anterior había terminado, que el liberalismo al estilo de Estados Unidos había ganado la Guerra Fría y que la «democracia liberal occidental» es la «forma final del gobierno humano». Recientemente, Fukuyama, hizo una retrospectiva de las últimas décadas, reflexionó sobre el surgimiento de los «hombres duros» como Donald Trump y se retractó de las audaces declaraciones que hizo mientras colapsaba la URSS. Un periodista británico le preguntó acerca del retorno del socialismo a Occidente. Es importante enfocarse en la respuesta de Fukuyama:  

Si quiere decir programas redistributivos que intentan corregir este gran desequilibrio que ha surgido tanto en los ingresos como en la riqueza, entonces si, creo no solo que pueden volver, sino que deberían volver. Este periodo extendido que comenzó con Reagan y Thatcher, en el cual se impusieron un cierto conjunto de ideas sobre los beneficios de un mercado desregulado, tuvo un efecto desastroso en muchos aspectos. 

Los comentarios de Fukuyama deberían provocar que quienes entraron en el período posterior a la Guerra Fría con la arrogancia de que no hay alternativa al capitalismo monopolista hagan una pausa. Ese sigue siendo el ambiente del Foro Económico Mundial, coloquialmente más conocido como Davos por el lugar donde se lleva a cabo. La reunión anual de 1991 en Davos tuvo un tema revelador: La nueva dirección para el liderazgo global. Después de la crisis financiera mundial de 2007 – 2008, el tema de Davos en 2009 fue Dar forma al mundo después de la crisis. En 1991, tenían la idea de que el Grupo de los Siete (G7) podría liderar a un mundo de seguidores e, incluso tras una gran crisis del neoliberalismo, fue el mismo ‘Comité para Gestionar el Mundo’ el que reclamó el liderazgo.

Que Fukuyama diga que el socialismo «tiene que regresar» debería llevarnos a una seria consideración del socialismo en nuestro tiempo. Esta es una de las principales tareas del Instituto Tricontinental de Investigación Social, estudiar las limitaciones del presente e impulsar las posibilidades de una vida futura en un sistema que llamamos socialismo. Recientemente la revista Red Pepper (UK) me entrevistó sobre el trabajo del Instituto. Parte de nuestro trabajo es reclamar el poder de imaginar alternativas al sistema mundial. Ese trabajo está profundamente arraigado en nuestra propia concepción de investigación, 

Nuestra idea de investigación es de alguna manera idiosincrática. Creemos que la captura neoliberal de las instituciones académicas ha marchitado la idea de investigación. Se forma a los académicos para leer la literatura, encontrar los vacíos en ella y llenarlos con sus estudios. Este tipo de estudios se publican luego en revistas «de alto impacto» que ayudan a construir carreras. Quedan fuera las preguntas de los movimientos. Tomamos una visión alternativa. Creemos que los movimientos, en sus luchas, revelan contradicciones en nuestro sistema social. Estas contradicciones son en sí mismas, preguntas que deben ser respondidas por la investigación. La aparición de estas contradicciones, más que los vacíos en la literatura existente, es lo que guía nuestras preguntas de investigación. Estamos interesados en investigar estas contradicciones y acumular conocimientos que luego serán útiles para los movimientos a medida que continúan agudizando las contradicciones y haciendo historia.

Estamos en una «batalla de ideas», un término desarrollado por Fidel Casto en los años 90. Creemos que tenemos que intervenir en una variedad de formatos para transmitir nuestras ideas en un aparato ideológico del Estado hostil. Eso es parte de nuestros desafíos, asegurarnos de cerrar la brecha creciente entre intelectuales y movimientos, para hacer llegar los puntos de vista de los movimientos a las comunidades intelectuales y los puntos de vista de lxs intelectuales a nuestros movimientos. 

A medida que se desarrolla nuestro trabajo, esperamos que pueda contribuir a amplificar el trabajo de los movimientos políticos y de la sociedad (como en nuestro reciente dossier sobre Kerala) así como desarrollar nuevas formas de imaginar el futuro. Jipson John y Jitheesh PM, que recibieron una beca de investigación del Instituto Tricontinental de Investigación Social, entrevistaron al economista Jean Dreze quien señala justamente esos puntos. Ellos le preguntaron a Jean Dreze sobre la economía como profesión. Esto es lo que Jean les dijo:

Mi interés no está en la economía del desarrollo per se, sino en el desarrollo, en el sentido amplio de una expansión de las libertades humanas. Dado este interés, la economía parecía una disciplina importante de estudiar. También lo son otras ciencias sociales, pero ellas son más fácilmente autodidácticas que la economía. Entonces, estudié economía, comenzando por la forma difícil, la economía matemática y luego me dirigí hacia la economía pública, la economía del desarrollo y ahora con interés más práctico que académico en el desarrollo.

Al final del día tengo sentimientos encontrados sobre la economía o más bien, la economía convencional. Por un lado, es una disciplina sofisticada y hay mucho que aprender de ella si la estudiamos economía críticamente.

Hay muchos estudiosos brillantes en la profesión y muchas buenas personas también. Por otro lado, el estudio de la economía viene con una cierta dosis de adoctrinamiento, basado no tanto en lo que se dice, como en lo que no se dice. 

Por ejemplo, es posible obtener un PhD en economía sin haber oído jamás de cosas como la clase, las castas, la explotación, la guerra, la propaganda, el poder corporativo y otros temas que son esenciales para entender la economía y la sociedad de hoy.

Por supuesto, hay literatura económica especializada en cada uno de estos temas, pero no son parte del pensamiento económico de todos los días/cotidiano. Requiere cierto tiempo y esfuerzo deshacerse de las luces direccionales que suelen venir con un título en economía. 

Además, generalmente los economistas se mueven en círculos privilegiados, lo que con demasiada frecuencia influye en su visión del mundo. Respecto a esto, la profesión parece estar descarriada al momento, ya que los economistas van y vienen entre departamentos de las universidades, comisiones gubernamentales, instituciones de Bretton Woods, bancos de inversión y think tanks patrocinados. Abundan los conflictos de interés y algunos institutos de investigación económica se han convertido en virtuales extensiones del sector corporativo. 

Idealmente, los economistas deberían comprometerse no solo con las instituciones privilegiadas, sino también con organizaciones ciudadanas, movimientos populares y el público en general. Algunos lo hacen, pero hay lugar para más. 

La foto de arriba es de Amelia Araújo y su equipo, grabando la Asamblea Nacional Popular de la región liberada de Madina de Boé, Guinea Bissau, en 1973. Están amplificando las voces de los movimientos. 

Como siempre, queremos saber de ustedes (y que visiten nuestro sitio web, donde pueden encontrar los boletines anteriores, así como dossiers y documentos de trabajo). Por favor, póngase en contacto con nosotros. 

Cordialmente,

Vijay

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