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Eria Sane Nsubuga, Abeekalakasa temwesembereza mmundu (Evite las armas cuando esté en lugares públicos), 2014

Boletín 34 (2019): Las guerras híbridas están destruyendo las democracias

Estimadxs amigos y amigas,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Recientemente di una entrevista en Brasil a Brasil de Fato, que nació en 2003 como la revista semanal del Foro Social Mundial. Ahora es una de las ventanas más importantes al mundo político brasilero. El boletín de esta semana contiene la mayor parte de la entrevista.

Brasil de Fato: La primera pregunta es sobre la imagen del gobierno de Jair Bolsonaro en el mundo. Usted viaja bastante, es periodista. ¿Cómo mira la prensa internacional el fenómeno Bolsonaro? ¿Qué aspectos de su gobierno son los más comentados?

Vijay Prashad: Lo primero que creo que debemos considerar con seriedad es que personas como Bolsonaro son consideradas un tanto cómicas. Se desarrolló una narrativa sobre la naturaleza cómica de los jefes de gobierno contemporáneos. Boris Johnson, Donald Trump y Bolsonaro hacen parte de esa especie de galería de personajes cómicos.

Pero una cosa ha alarmado a la gente. No sólo a los liberales, sino al resto también. Existen dos grandes depósitos de carbono en el mundo. Uno está en la isla de Papúa, tanto en Papúa Occidental como en Papúa Nueva Guinea. El otro es la Amazonía. Y creo que la gente está muy asustada con el hecho de que Bolsonaro decida abrir la Amazonía para la industria maderera y otras. Él básicamente permitió que los lobbys de la industria de alimentos y madera crearan políticas públicas. Incluso un periódico como The New York Times publicó un reportaje muy crítico sobre la política de Bolsonaro para la Amazonía.

Una cosa es decir que Bolsonaro es cómico y tiene una posición pésima con relación a cuestiones sociales o a la dictadura. Pero cuando comienza a destruir la Amazonía, eso tiene implicaciones para todo el planeta. Esa es una gran preocupación para personas decentes y sensibles (y hasta para aquellas que no son tan sensibles).

Dimosthenis Kokkinidis, And regarding the remembrance of evils (Y respecto al recuerdo de los males), julio de 1967

En la última década, nos acostumbramos a oír en el noticiero el término BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica]. Esos países comenzaron a articularse y a amenazar la hegemonía de Estados Unidos en el escenario internacional. ¿Es posible decir que la elección de Bolsonaro, un presidente tan cercano a Trump, puede desmantelar esa organización?

Nunca debemos exagerar el hecho de que algunos países se unan para crear algún tipo de grupo. El grupo BRICS iba a ser solo tan bueno como lo fuera el carácter de clase de los gobiernos de sus diferentes Estados.

Antes de los BRICS, India, Brasil y Sudáfrica formaron un bloque llamado IBAS. Aún existe. En esa época, los gobiernos de la India, Brasil y Sudáfrica eran relativamente socialdemócratas y defendían una agenda de subsidios para medicamentos y para la agricultura. Había una preocupación por la falta de acceso de la población a medicinas y por el impacto negativo de las políticas comerciales sobre los agricultores. En esa época, cuando el IBAS nació en 2003, eran socialdemócratas.

Cuando se crean los BRICS en 2009, ya había una agenda más contradictoria, o más bien tres agendas. Una de ellas venía del propio IBAS: luchar por mejores acuerdos comerciales, proteger a los agricultores y así. Pero las otras dos son importantes. La segunda fue la defensa del multilateralismo, pero no era una propuesta socialista. Simplemente significaba que las elites de Brasil, de Rusia, de Sudáfrica, de China y de India deberían tener un lugar en la mesa. La tercera era la cooperación comercial Sur-Sur. Negocios de indios con brasileños, exportaciones brasileñas a Sudáfrica y así por el estilo.

Los BRICS siempre estuvieron limitados por el carácter de clase de sus gobiernos. Las empresas de Brasil quieren entrar en el mercado indio. Entonces, los BRICS no se van a disolver. La gente cree que los BRICS son solo un instrumento político, con esa idea del multilateralismo. Pero ese es un abordaje bastante equivocado respecto a los BRICS. No son simplemente un instrumento político, son para cuestiones de negocios en esta parte del mundo, temas militares, de armamento, todo tipo de cosas. No son cosas que nos vayan a hacer felices ni a usted ni a mí.

La diferencia entre el fascismo de antes y el neofascismo de ahora

El avance de la extrema derecha en diversas regiones impone un debate interesante sobre el uso del término «fascismo». Algunos teóricos dicen que el fascismo sucedió en Italia en un contexto específico del siglo XX y no puede ser comparado con otros gobiernos o regímenes. Otros analistas dicen que las semejanzas son tan grandes que es imposible usar otra denominación. ¿Cuál es su posición en ese debate? ¿Debemos o no llamarlos fascistas? ¿O esa terminología no debería ser una preocupación en este momento?

Esos debates son importantes, pero la cuestión no es llegar solos al análisis correcto. La cuestión es promover un debate para aclarar cómo entendemos conjuntamente la coyuntura actual. La razón por la cual volvemos la mirada a los años 20 y 30 es para entender ¿cómo fue el autoritarismo dentro de la democracia en aquella época? Porque, al fin y al cabo, [Benito] Mussolini y [Adolf] Hitler llegaron al poder a través de la democracia, de las urnas, y luego profundizaron el papel autoritario de la política en la sociedad.

Pero el contexto que produjo a Hitler y a Mussolini, a los fascistas y los nazis, era muy diferente del contexto actual. En esa época, el encargo principal que los capitalistas y la burguesía les dieron era llegar al poder y aplastar al movimiento de lxs trabajadorxs. Esa era la tarea principal de los fascistas y nazis clásicos de comienzos del siglo XX. Hoy los movimientos de trabajadorxs son mucho más débiles. El encargo de la burguesía no fue: «Eh, fascistas, vuelvan al poder y destruyan el movimiento de los trabajadores». No es la misma situación. No es correcto argumentar por analogías, diciendo “hoy tenemos líderes que dan declaraciones horribles, que quieren encerrar a periodistas, es similar a como era antes, por lo tanto es lo mismo”. No. Miremos la coyuntura actual por lo que es.

En el período neoliberal, las políticas neoliberales han tenido dos efectos. Uno fue debilitar mucho el poder de organización de lxs trabajadorxs y campesinos, de todos los tipos de trabajadorxs de la sociedad. No fue sólo que su poder de negociación disminuyó. Su capacidad de auto organizarse disminuyó. En mi opinión, eso es muy importante.

Hoy tenemos sindicatos menos fuertes y eso creó una situación explosiva, en la que la burguesía se enriqueció cada vez más en este período. Thomas Piketty presentó datos que comprueban lo que ya sabíamos: existe una desigualdad inmensa. La burguesía temía mucho que el aumento de la desigualdad tuviese el potencial de generar cierta convulsión social. Vimos la irrupción de revueltas, revueltas por comida, el «Caracazo» en Venezuela. Se desataron levantamientos contra las elites.

En ese momento, se observa la intensificación del giro ideológico hacia la derecha, en el que la elite comienza a perseguir a determinadas poblaciones, feministas, minorías, refugiados, migrantes, y comienza a culparlos. Diciendo cosas como: «Usted no tiene empleo por culpa de los migrantes». Fueron los neoliberales quienes introdujeron esas ideas en el discurso político para mantener el control del sistema.

Pero los neoliberales se agotaron. Todo el mundo sabe que ellos fueron los responsables por la desigualdad y la degradación. Y fue en ese momento, con la izquierda muy debilitada, que la extrema derecha, la derecha autoritaria, aparece y se apropia de lo que los neoliberales introdujeron. Los neoliberales decían que no se podía permitir mucha migración porque amenazaba el empleo. La extrema derecha tomó esa narrativa y la llevó al extremo, hasta una perversidad terrible, y llegó al poder.

Desde mi perspectiva, esos neo autoritarios y neofascistas que han proliferado no son fascistas convencionales del siglo XX. Son algo bastante diferente. No necesitan destruir las instituciones de la democracia, sino simplemente vaciarlas. Aún hay elecciones, parlamentos y todo lo demás. No necesitan una dictadura, porque vaciaron el concepto de democracia. Por vías autoritarias e ideológicas, vaciaron la democracia, la prensa, la capacidad de debate de las personas, y es así como crean esa perversidad de extrema derecha.

Entonces, es diferente de lo que sucedió a comienzos del siglo XX. Tenemos que aprender de aquel momento para afinar nuestro análisis, pero necesitamos también un análisis de las condiciones concretas del período actual.

El dossier publicado en julio por el Instituto Tricontinental mostró que lxs trabajadorxs informales son cerca del 90% en la India y que el índice de sindicalización es muy bajo. Aquí en Brasil, los sindicatos fueron blanco de varios ataques por parte de los últimos dos presidentes. ¿Se puede pensar en organizar un movimiento de trabajadorxs por fuera de los sindicatos? ¿Quiero decir, existen alternativas más allá de esa estructura formal de organización?

El objetivo de la sindicalización y de la construcción de sindicatos no es construir el sindicato. El objetivo de toda esa lucha es construir la confianza y la capacidad de lxs trabajadorxs y campesinxs. El objetivo no es que exista el sindicato, sino tener una clase trabajadora y un campesinado organizado que puedan desafiar políticamente a la burguesía. Esa es la cuestión. El sindicato por sí sólo no es suficiente.

Entendemos la importancia de los sindicatos, pero no son el objetivo final. Los sindicatos son simplemente una forma de fortalecer el poder de la clase trabajadora. Los sindicatos han entendido que es cada vez más difícil organizar a lxs trabajadorxs en el lugar de producción. Las fábricas se volvieron casi cárceles. La jornada de trabajo está tan rígidamente regulada que parece un cuartel. No puedes ir al baño, no puedes levantar la cabeza, no puedes conversar. Las fábricas contemporáneas son construcciones despiadadas para lograr hiperproductividad.

Debido a esta dificultad, los sindicatos comenzaron a pensar: «Vamos a organizar a las y los trabajadores en el lugar donde viven». Porque la gran cuestión es organizar a lxs trabajadorxs. Si se organizan en el lugar en que viven, entonces pueden llevar la lucha a la fábrica. Ya no se puede generar organización en la puerta de la fábrica, así que los sindicatos se han vuelto muy creativos para construir el poder de lxs trabajadorxs. Eso es lo que necesitamos comenzar a mirar, las oportunidades para construir el poder de trabajadorxs y campesinxs.

Obviamente, el lugar de la producción es importante, la industria, el agronegocio. Pero si se organizan en otro lugar, si construyen fuerza y confianza en otro lugar, llevarán esa experiencia directamente a la fábrica.

Entonces los sindicatos están experimentando cosas nuevas. Por eso estamos interesados en entender qué están haciendo y dónde.

Lo que está quedando cada vez más claro es el concepto de guerra híbrida. Hay una guerra híbrida en curso en el planeta. La gente necesita entender esa guerra hibrida que es una batalla contra la democracia.

Visité la Vigilia [Lula Libre] en Curitiba el domingo [4], y me pidieron que hablara. Dije que la democracia está presa. Lula es un ser humano. Lula lideró un gobierno cuando había cierta correlación de fuerzas entre las clases. La cuestión no es si a usted le gusta o no Lula. Esa discusión es ridícula. La cuestión real es que la ofensiva contra el derecho de Lula de participar en las elecciones a la presidencia fue un ataque contra la democracia. Eso es lo que necesitamos entender y explicar a la población alrededor del mundo.

Los procesos democráticos están esencialmente siendo destruidos para tener una forma muy limitada de gobierno de elite contra el pueblo. Esa es la cuestión primordial.

Cordialmente, Vijay.

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