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Bagdad, octubre de 2019.

Estimadxs amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

La joven camina por la carretera. Lleva la bandera iraquí. Ella quiere vivir en un país donde sus aspiraciones puedan ser alcanzadas y no sofocadas por los desechos de la trágica historia de Irak. El sonido de los disparos es familiar; ha regresado a la ciudad, con las balas volando hacia lxs manifestantes. El poeta Kadhem Khanjar, miembro de la Milicia de la Cultura, captura la esencia de lo que está sucediendo y lo lleva a Facebook:

Así es como sencillamente morimos.

Personas sencillas matan a personas sencillas.

Al borde de la esperanza se encuentran los disparos de lo que Frantz Fanon llamó “el viejo pedestal de granito sobre el que descansa la nación”. En el momento de la protesta, cuando comienzan los disparos, llega la claridad. No debiéramos ser ingenuos sobre el carácter de la elite, cuyas sonrisas camuflan las instrucciones dadas a regañadientes a los esbirros, sus “hombres sencillos” listos para matar a “personas sencillas”. En el mejor caso, el “pedestal de granito” se encoge, reordena su gabinete, ofrece reformas modestas; en el peor, los soldados —cuyas caras están cubiertas para impedir que se vean sus lágrimas— disparan a sus familiares.

A lo lejos, en Londres, París, Frankfurt y Washington, DC, las elites olisquean, se cepillan la caspa de sus hombros. “No somos como ellos”, dicen las elites de Santiago y Bagdad, aunque todxs saben que son idénticas, pues no hace mucho mandaron a sus robocops a humillar a los chalecos amarillos y al movimiento Occupy Wall Street.

Hace décadas, el escritor chileno-argentino Ariel Dorfman se sentó en el metro de París a leer Opiniones de un payaso (1963) de Heinrich Böll. “Debe ser una profesión triste”, dijo un hombre sentado enfrente de Dorfman, refiriéndose al payaso. Tanto Dorfman como el hombre reconocieron que el otro estaba triste. El hombre dijo que era de Brasil. Se apoyaron mutuamente por su situación común, sus países estaban bajo dictaduras. “Estoy triste”, dijo el hombre, “porque quiero que ganemos, pero en mi corazón, no creo que lo logremos”.

El hombre habló de la dura corteza de la realidad, la sensación de que las elites están atrincheradas en su pedestal de granito, negándose a dejar que la humanidad lo destruya y libere lo mejor de la ética humana. Eso es lo que ambos hombres entendieron, aunque ambos querían ganar. Es el deseo de ganar lo que llevó a más de un millón de personas a las calles de Santiago (Chile), y fueron estos millones los que cantaron la canción de Víctor Jara, El derecho de vivir en paz, que Jara cantó para Ho Chi Minh y los vietnamitas en 1971. Dos años más tarde, la dictadura en Chile arrestó y asesinó brutalmente a Jara.

El derecho de vivir en paz, octubre de 2019.

Que miles de personas cantaran a Víctor Jara en las calles de Santiago este mes, con su melodía a la vez triste y desafiante, sugiere la reivindicación de Jara.

Johan Söderström, 2019.

El 22 de diciembre de 1916, M. K. Gandhi dio una conferencia en el Muir Central College Economic Society en Allahabad (India). Allí Gandhi ofreció una forma simple de medir la civilización: “la prueba del orden en un país”, dijo, “no es el número de millonarios que tiene, sino la ausencia de hambre entre sus masas”.

Cien años más tarde, la frase sigue siendo eléctrica, con una única corrección: no son millonarios, sino billonarios. El gran banco Credit Suisse publica un informe anual sobre la riqueza global. El informe actual, publicado este mes, calcula que el 1% de la población mundial posee el 45% de la riqueza mundial total, mientras el 10% más rico posee el 82% de la riqueza mundial total; la mitad de inferior de lxs poseedorxs de riqueza —el 50% de la humanidad— representa menos del 1% de la riqueza mundial total. Este pequeño porcentaje, el 1%, es el núcleo del pedestal de granito. Más de la mitad de las personas más ricas viven en América del Norte y Europa; exactamente la mitad de los súper-ricos —los individuos de Valor Neto Ultra Alto que tienen más de 50 millones de dólares cada uno— viven en Norteamérica. El Censo de multimillonarios de 2019 de Wealth-X muestra que Estados Unidos tiene 705 multimillonarios, muchos más que el número combinado de multillonarios en los siguientes ocho países del censo.

Chile tiene el índice de desigualdad más alto entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sus multimillonarios distribuyen dinero en los bolsillos de los principales partidos políticos, generando la impresión de que la democracia se trata de recaudar fondos de los grandes bloques capitalistas, en vez de llevar las aspiraciones del pueblo a la política. Los Angelinis, Paulmanns, Cuetos, Solaris y Luksics pueden apoyar a diferentes facciones políticas, pero al final del día —quien sea que gane— estos multimillonarios y sus conglomerados son quienes establecen las políticas y quienes se benefician de ellas. Es por eso que más de un millón de personas salieron a las calles a cantar Víctor Jara. Quieren el derecho a vivir en paz, el derecho a controlar sus vidas.

El estándar de Gandhi no se refiere solo a la cantidad de ultra-ricos, sino también a aquellxs que luchan cada día contra el hambre. Hace algunos meses, la Organización Mundial de la Salud publicó un informe sobre el hambre, en el que mostraba que al menos 821 millones de personas se acuestan con hambre en la noche. Es una cifra espantosa. Pero eso no es todo. Los estudios realizados por organismos de la ONU señalan que aproximadamente 2 mil millones de personas —una de cada cuatro— sufren de inseguridad alimentaria moderada o severa, lo que significa que “no tienen acceso regular a alimentos seguros, nutritivos y suficientes”.

Así que esta es la situación. Según la simple fórmula de Gandhi, el mundo no pasa la prueba.

George Frederic Watts, Hope [Esperanza], 1886.

Chile limita con Argentina y Bolivia. En Argentina, las elecciones presidenciales expulsaron a Macri, quien resultó herido por su regreso al FMI. En Bolivia, Evo Morales mantuvo su puesto por un cuarto periodo. Sus victorias son importantes, aunque tienen un “espacio de políticas” limitado. Evo ha luchado por ampliar ese espacio, por empujar lo más fuerte posible para llevar a Bolivia en una dirección progresista. Mientras la tasa de crecimiento de Chile se queda en 1,7%, Bolivia creció a un 4,2%. Pero estas cifras no son suficiente. La presión del imperialismo reduce la capacidad de un gobierno de izquierda de incorporar los deseos del pueblo en la lógica de la gobernanza.

El reciente informe sobre comercio y desarrollo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) recuerda algo que la UNCTAD viene diciendo desde su formación en 1964: que los países del Sur Global necesitan un espacio de políticas importante “para perseguir sus prioridades nacionales”. La idea de un “espacio de políticas” fue desarrollada por primera vez en la UNCTAD de 2002, y alcanzó estatus oficial en el Consenso de São Paulo de 2004 en la UNCTAD XI. El término articula tres principios vinculados:

  1. El principio de la igualdad soberana de los Estados (Carta de las Naciones Unidas, artículo 2.1).
  2. El principio del derecho al desarrollo (Declaración sobre el derecho al desarrollo, Asamblea General de la ONU en su resolución 41/128, 1986).
  3. El principio de trato especial para los países en desarrollo, en particular la entrega de un trato especial y diferenciado (Declaración sobre el derecho al desarrollo, Asamblea General de la ONU en su resolución 41/128, 1986, artículo 4.2).

Es cierto que incluso con un “espacio de políticas” reducido, muchos instrumentos importantes permanecen en manos de los gobiernos. Sin embargo, a menudo estos instrumentos son empañados por las “prioridades” establecidas por organizaciones multinacionales como el FMI y el Banco Mundial, por acuerdos comerciales, por presiones del G7, y por la profesión económica dominante, que hace tiempo perdió su rumbo. Dichos instrumentos son aun más empañados por las amenazas de sanciones si los gobiernos de izquierda siguen su propio camino. Pero el “espacio de políticas” no es el único problema, el mayor problema es la falta de financiamiento.

Países como Argentina y Bolivia, con gobiernos de izquierda, simplemente no tienen la capacidad de levantar fondos para las prioridades establecidas por sus propios pueblos mediante las elecciones. El electorado puede decir no a la austeridad, pero —como descubrieron lxs griegxs— su voz tiene menos poder que la de la industria bancaria y los Estados imperialistas; para lxs griegxs, se trataba de la troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la Unión Europea). El último informe de la UNCTAD indica la importancia del financiamiento a través de la creación de Bancos de Desarrollo Público de propiedad estatal (PDB, por su sigla en inglés). A partir del informe, Jomo Kwame Sundaram y Anis Chowdhury establecen el mecanismo para los PDB:

  1. Proporcionar más capital a los bancos públicos para ampliar los préstamos, incluso mediante financiamiento directo.
  2. Apoyar a los bancos de desarrollo con mandatos gubernamentales claros, indicadores de desempeño y mecanismos de rendición de cuentas, valorando otros criterios además de los financieros.
  3. Evitar que los PDB queden subordinados a criterios comerciales de corto plazo.
  4. Fomentar que los fondos soberanos, cuyos activos se estiman en 7,9 billones de dólares, destinen recursos en apoyo de los PDB.
  5. Garantizar que los reguladores bancarios traten a los bancos públicos, especialmente a los PDB, con una comprensión adecuada de sus mandatos específicos.
  6. Liberar a los bancos centrales de su típico enfoque estrecho sobre la estabilidad de precios, por lo general mediante un «objetivo de inflación» en las últimas décadas, para que asuman funciones de desarrollo más audaces y proactivas.

 

Juan Grabois, Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y el Frente Patria Grande hablan en People’s Dispatch sobre los desafíos del nuevo gobierno en Argentina.

La mujer joven en la carretera de Bagdad, las personas cantando a Víctor Jara en Santiago, lxs votantes en Argentina y Bolivia, lxs manifestantes de las calles de Atenas, lo que todxs quieren es que sus gobiernos creen políticas que provengan de sus aspiraciones. Quieren que esas políticas produzcan menos personas hambrientas y menos multimillonarios. Quieren ganar. No quieren estar como Dorfman y su amigo brasilero, tristes porque quieren ganar pero temen no lograrlo.

Cada ciertos años, los pueblos del planeta se levantan y anuncian que la intifada mundial ha comenzado. Unos meses después, sus esperanzas son aplastadas, y la fórmula sigue igual: más multimillonarios, más gente hambrienta. Pero, algún día, el sol brillará, y el ángel de la historia sonreirá con el; los rayos del sol derretirán el viejo pedestal de granito y tendremos el derecho de vivir en paz.

Cordialmente, Vijay.