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Boletín 41: Esta política económica ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país

Estimados amigos y amigas

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Andrés Manuel López Obrador – o AMLO – es el presidente de México desde el 1 de diciembre. El líder de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), López Obrador, llega a la presidencia desde la izquierda. Su discurso inaugural expuso claramente las dos razones por las cuales la mitad de la población mexicana vive en la pobreza: el modelo neoliberal de gobernanza política y económica, así como «la corrupción pública y privada más sucia». López Obrador dijo que no procesaría al gobierno de su predecesor porque «no habría suficientes tribunales ni cárceles» para los culpables. Durante las últimas cuatro décadas, enfatizó López Obrador, México ha seguido una agenda de políticas desastrosa, el neoliberalismo, que ha sido una calamidad para la vida pública del país. Para nuestra teoría sobre el neoliberalismo, por favor lean nuestro primer Documento de TrabajoEn las ruinas del presente.

Ciento veinte millones de mexicanxs buscan liderazgo en López Obrador. Desde la crisis de la deuda del Tercer Mundo a principios de los años ochenta, Estados como México se han visto forzados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los mercados financieros mundiales a canibalizar sus riquezas. Los recursos de México fueron donados a gigantescas empresas internacionales y a su propia oligarquía financiera (liderada por Carlos Slim Helú, uno de los hombres más ricos del mundo, cuya riqueza proviene del pillaje de recursos públicos, como cuando el Estado le entregó en sus manos a Telmex, el monopolio de las comunicaciones de México en 1990). Vale la pena recordar los años entre la crisis de la deuda y la liquidación de los activos públicos de México, que el Banco Mundial llamó un «modelo». El gobierno vendió más del 80% de sus 1.155 empresas públicas. En esa época, Álvaro Cepeda Neri escribió en La Jornada, «El botín de las privatizaciones ha convertido en multimillonarias a 13 familias, mientras que el resto de la población, unxs 80 millones de mexicanxs, ha sido sometida al mismo empobrecimiento paulatino que habría sufrido en una guerra». El saqueo define la historia de México, desde la confiscación por parte de los Estados Unidos de la mitad del territorio mexicano en 1848 (incluyendo la California rica en oro) hasta la reducción del potencial del país por el TLCAN a partir de 1994. Es demasiado pedirle al gobierno de López Obrador que resuelva todos los problemas de México en un mandato. El nuevo gobierno no puede cambiarlo todo, pero puede comenzar a cambiar la dirección de las políticas de Estado.

Los gobiernos de izquierda en el hemisferio, bajo inmensa presión de Estados Unidos, se reunieron en torno a López Obrador en su toma de posesión. Evo Morales de Bolivia y Miguel Díaz-Canel de Cuba. Nicolás Maduro de Venezuela asistió también pese a la inmensa presión de la derecha y de los liberales mexicanos para revocar su invitación. Daniel Ortega de Nicaragua no fue. La presión de Estados Unidos no es trivial. El gobierno del presidente Donald Trump ha acuñado una frase – la troika de la tiranía – para referirse a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Estados Unidos está ansioso por lograr un cambio de régimen en uno o todos estos Estados (como anoto en mi reportaje en Frontline). La guerra híbrida está entre las cartas, incluye el fomento de rebelión civil y el uso de las redes sociales para promover falsedades de todo tipo (para una idea clara de las amenazas que se avecinan, por favor lean la entrevista de John Pilger con Jipson John y Jitheesh PM, beneficiarios de una beca del Instituto Tricontinental de Investigación Social, y por favor lean el libro de Andrew Korybko, Hybrid Wars, que pueden descargar gratuitamente aquí). A Maduro le dieron la espalda tanto la derecha como los liberales, pero los sindicatos mexicanos le dieron la bienvenida. Las líneas de batalla están bien delimitadas.

La imagen de arriba fue hecha por Elena Huerta Muzquiz (1908-1997), una de las grandes artistas comunistas mexicanas.

Al sur de Ciudad de México, en Buenos Aires, los Estados del Grupo de los Veinte (G20) se reunieron, charlaron entre ellos y luego se retiraron a sus diversas crisis inmanejables. La reunión fue en el Centro de Convenciones Costa Salguero, lejos de las voces fuertes y claras de los manifestantes. Los protestantes acudieron porque, como anota la oficina de Buenos Aires del Instituto Tricontinental de Investigación Social en su boletín regular y en nuestro último dossier, el colapso económico en Argentina ha sido continuado y el pueblo argentino señala con el dedo – como López Obrador – a la agenda de políticas públicas y no al destino. Cuando el pueblo preguntó sobre esa agenda de políticas que despedazó sus vidas, la respuesta de los líderes del G20 llegó escrita con gas lacrimógeno. Es el lenguaje de la dirección del G20 y es lo que López Obrador quiere evitar.

Ningún acuerdo real podía haber salido del G20 porque la crisis del capitalismo no puede resolverse dentro del marco del neoliberalismo. Solo se pueden hacer cambios cosméticos, solo se puede pedir más a la ya exhausta población de todo el planeta.

La imagen de arriba – de 1934 – una pintura llamada Manifestación, es del artista argentino Antonio Berni (1905-1981). De una protesta en otro momento de crisis financiera a las protestas en nuestro tiempo.

Una reunión más importante tuvo lugar simultáneamente en Viena (Austria) en la sede de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) custodiada por el cuerpo paramilitar de élite WEGA de Austria. Allí, Rusia y Arabia Saudita llegaron a la conclusión de que los precios del petróleo deberían ser más altos. Ahora que Estados Unidos ha estrangulado a Irán y a Venezuela, se considera aceptable dejar que los precios del petróleo suban. No hay soluciones aquí. India y China han estado considerando seriamente el establecimiento de un club de compradores (como relato aquí). Las tensiones entre la OPEP+ (que incluye a Rusia) y los compradores de petróleo asiáticos que corresponden a un tercio del mercado mundial del petróleo, seguramente producirán crisis sucesivas. El gas lacrimógeno en Paris (miren arriba) fue uno de los frentes de esta crisis, cuando la población salió a las calles contra el aumento del precio de los combustibles (para más información, por favor lean el informe de Susan Ram). Habrá muchos más de estos episodios sobre los precios del combustible y la destrucción del clima.

López Obrador, a quien el FMI advirtió que no interviniera en las dificultades de Pemex – la compañía petrolera estatal mexicana – y que no se metiera con las empresas petroleras monopólicas, ahora les ha dicho a las compañías petroleras que si no invierten más en exploración y producción, no les permitirá expandir sus operaciones en México. Obviamente hay ramificaciones para el medio ambiente por el aumento de la producción de petróleo. Pero este es un problema global y no uno que México pueda resolver poniendo fin a la explotación petrolera por decreto (por favor miren nuestro Boletín 33 sobre este tema). Se necesita ingresos de algún lugar para hacer frente a los graves problemas de pobreza en México.

El 30 de noviembre, decenas de miles de campesinos y otros miles más que los apoyan, marcharon por Delhi para exigir una sesión parlamentaria que aborde sus necesidades. Una de las consignas que más sonó fue ayodhya nahin, karz maafi chahiye: «No Ayodhya. Queremos que anulen nuestras deudas». Se refieren a la ciudad de Ayodhya en el norte de la India, donde las fuerzas de extrema derecha (el partido BJP y sus aliados) destruyeron en 1992 una mezquita del siglo XVI. Este año, una vez más, la derecha planeó marchar hacia Ayodhya para exigir que se construya un templo hindú sobre las ruinas de la mezquita. Es la desagradable dinámica política que impulsó al poder al Primer Ministro Narendra Modi. La marcha de los campesinos, liderada por un conjunto de organizaciones, entre ellas el Sindicato de Campesinos de toda India (All India Kisan Sabha), socavó esa toxicidad. Forzó a que se pongan sobre la mesa los asuntos reales que se ciernen sobre el campesinado y lxs trabajadorxs agrícolas: alto costo de los insumos, bajo precio de las commodities, prestamistas depredadores, deudas, inanición. Queremos que anulen nuestras deudas, dijeron, no construir otro templo que cause conflictos sociales.

Nuestros amigos del Archivo del Pueblo de la India Rural y de NewsClick cubrieron las protestas, mostrándonos un poco como viven lxs campesinxs y trabajadorxs agrícolas que fueron a Delhi. «En todo lo que cultivamos», dijo uno de los campesinos, «sufrimos pérdidas». Este es el resultado de la política económica que ha sido un desastre.

En un corto ensayo, el economista Prabhat Patnaik sugiere que las cosas se deteriorarán aún más en este período de crisis permanente. El Tercer Mundo, escribe, «se está hundiendo en un prolongado período de estancamiento. Esto traerá una aguda angustia a lxs trabajadorxs, ya que la acumulación originaria de capital a expensas del campesinado y lxs pequeñxs productores que ha acompañado el auge capitalista continuará sin disminuir, mientras que el estancamiento solo reducirá aún más la generación de empleo dentro del sector capitalista». No hay solución a la vista dentro de este marco, el marco del que López Obrador promete que México tratará de salir.

En nuestro Boletín 40, rendimos homenaje al Dr. Amit Sengupta, miembro de muchos años del Partido Comunista de India – Marxista, líder del movimiento de ciencia popular y del movimiento de salud popular. Fue también uno de los organizadores de la Asamblea Internacional de los Pueblos, una red mundial de organizaciones y movimientos de izquierda. Nuestra imagen de esta semana, más abajo, continua nuestro homenaje a Amit.

Cordialmente,

Vijay

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