Estimados amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Cuando Charles Dickens publicó su novela Tiempos Difíciles en 1854, apenas había sentido el primer aroma del poder del capitalismo. Las emociones y los sentimientos, escribió en esta novela, iban a ser reducidos por la imaginación capitalista a números, a cálculos de ganancias. «Se sabe» escribió Dickens atinadamente, «lo que rendirá un motor por libra de fuerza, pero, ni todos los calculistas juntos de la [Casa de la] Deuda Nacional pueden decirme la capacidad de la humanidad para el bien o para el mal, para el amor o para el odio, para el patriotismo o para el descontento, para la descomposición de la virtud en vicio, o lo contrario». Los sentimientos humanos capturados por la estrechez de un libro de contabilidad de doble entrada.   Este punto sobre la descomposición de la virtud es central para nuestras preocupaciones inmediatas. El gobierno del Ecuador presentó hace unos meses una resolución para que no se de rienda suelta a las corporaciones de alimentos monopólicas para comercializar fórmulas infantiles en lugar de la lactancia materna. Esta es una preocupación particularmente grave en países donde hay poca agua potable y la mortalidad infantil es un problema serio. Ecuador, en nombre de los países de ingresos medios, preocupado porque las empresas de alimentos monopólicas están usando tácticas agresivas para manipular a las familias y a los profesionales de la salud para que sustituyan la leche materna por sus fórmulas para bebés caras. Existen ahora muchos informes de que empresas como Nestlé, Danone, Mead Johnson Nutrition y Abbot están usando “enfermeras de leche” (promotoras de sus productos que se hacen pasar por enfermeras) y distribuyendo muestras gratis por cortos períodos para engañar a los padres y enganchar a los niños en el consumo de fórmula en lugar de leche materna. Entonces, Ecuador fue a la Asamblea Mundial de la Salud para buscar directrices más duras contra este marketing agresivo.   Estados Unidos entró en la discusión en nombre de los fabricantes monopólicos de alimentos de bebé y amenazó con castigar al Ecuador con sanciones comerciales. Ecuador retiró la resolución. Rusia la presentó de nuevo y pasó. Otro ejemplo, supongo, de la interferencia rusa.   ¿Por qué Estados Unidos objeta las directrices que buscan resaltar la ciencia de la lactancia materna en lugar de la obtención de ganancias por la leche de fórmula? Este es el tema de mi reportaje para el Independent Media Institute, que pueden leer esta semana en Common Dreams. El gobierno estadounidense de Trump ha sido excepcionalmente contrario a la ciencia y el pensamiento científico. También ha sido ferozmente misógino. Aquí, en el caso de la lactancia materna, combinó sus obsesiones contra la ciencia y contra las mujeres.   Una evaluación de UNICEF indica que un bebé que crece en condiciones de falta de higiene, en lugares con enfermedades extendidas y que se alimenta con fórmula, tiene entre 6 y 25 veces más probabilidades de morir de neumonía que un niño amamantado. El elemento clave aquí es el agua. La fórmula debe mezclarse con agua. Pero ¿de dónde obtienen el agua los hogares necesitados? Con demasiada frecuencia, empresas privadas -como Nestlé una vez más- han secuestrado las fuentes de agua públicas para sus plantas de agua embotellada (sobre las ciudades son agua, por favor consulten el dossier No. 2 del Instituto Tricontinental de Investigación Social). Lo que les queda a los hogares necesitados es agua peligrosa. Firmas como Nestlé, que ganó cerca de 8.000 millones de dólares el año pasado, hacen dinero robando agua y luego forzando a las familias necesitadas a usar fórmulas infantiles (que requieren agua). Esta es la violencia del capitalismo.   Y luego, está la violencia como mercancía. Los mercaderes de la muerte, los grandes fabricantes de armas están en ello de nuevo. Trump ha prometido dejar de lado las consideraciones de derechos humanos, una barrera que a menudo ha sido violada por el gobierno estadounidense. Ninguna junta en Sudamérica ni ningún ‘hombre duro’ en el oeste de Asia habría sobrevivido sin los envíos masivos de armas de compañías como Lockheed Martin y General Dynamics. Un informe de 2000 de la Agencia Central de Inteligencia de los EE. UU. sobre las actividades de la CIA en Chile durante la dictadura militar aclara la cuestión: «la asistencia militar y las ventas estadounidenses crecieron significativamente durante los años de los mayores abusos contra los derechos humanos». Sin embargo, Trump ha decidido ahora evitar toda consideración, hasta la más mínima. En mi reportaje de esta semana sobre esta nueva política, enfatizo en la venta de armas a Arabia Saudita, que continúa su guerra asesina contra el pueblo de Yemen. Aquí hay un par de frases a considerar del informe: «La mitad de todas las ventas de armas se realizan en Medio Oriente. Es bien conocido que la venta de armas, más que el fundamentalismo, alimenta los conflictos en Medio Oriente». Cada 10 minutos muere un niño en Yemen como resultado de esta guerra, prolongada por los mercaderes de la muerte.   Mientras tanto, los fabricantes de armas estadounidenses obtienen inmensas ganancias. Los 100 mayores traficantes de armas ganaron US$ 364.800 millones el año pasado. Las diez firmas más importantes, la mayoría de ellas de los Estados Unidos, ganaron más de la mitad de esta suma. Lockheed Martin ganó US$ 43.400 millones. En los Grundrisse, Karl Marx escribió «El impacto de la guerra es autoevidente, ya que económicamente es exactamente lo mismo que si la nación dejara caer una parte de su capital en el océano». Desde el punto de vista de la civilización humana, gastar en armas es un desperdicio. Desde el punto de vista de los traficantes de armas, simplemente hay mucho dinero por hacer.

La guerra es terrible. Los preparativos para la guerra también. Esta semana, el jueves, en toda Argentina, pero especialmente en Buenos Aires, decenas de miles de personas salieron a las calles para protestar por los preparativos de guerra interna. La imagen de arriba es de Buenos Aires. La avenida principal está repleta. El lema es claro: Nunca Más. Se refiere al decreto firmado por el presidente Macri que abre la puerta a la participación de las fuerzas armadas argentinas en la seguridad interna, o más bien, en la represión. Hay una profunda memoria en Sudamérica sobre la forma en que las juntas usaban a los militares para aplastar a los movimientos de masas, a los dirigentes de la izquierda y al espíritu de resistencia. La junta de Argentina tuvo su reflejo de las juntas de Brasil y de Chile. Pero hay más en esta protesta. La gente también rechaza la militarización de la vida social, que ha sacudido hasta la médula el tejido social en México y en Colombia y recientemente en Brasil. Estas personas dicen Nunca Más a la destrucción de su sociedad, pero también a los acuerdos militares con el imperialismo y a la industria armamentística que se alimenta de la militarización de la vida social.

La idea de la militarización de la vida social es tan importante en nuestro tiempo presente. En Bihar (India), a medio mundo de distancia, los terratenientes hicieron, el 1 de julio, una batahola contra las casas de una comunidad muy pobre, los musahars de la aldea de Mogala. Estos terratenientes tienen una gran cantidad de tierra, pero quieren más. Su apetito, como el de los traficantes de armas y de los vendedores de fórmulas infantiles, es formidable. No importó que esta comunidad pobre hubiera recibido derechos sobre la tierra en 1985-86. El poder político es una fuerza de la naturaleza. Fue como un huracán contra las casas humildes. Cientos de desplazados hicieron un plantón en protesta y luego asistieron a una manifestación organizada por el Partido Comunista de la India (Marxista) en el distrito Madhubani. Recogieron la bandera roja y regresaron a sus hogares. Son como la gente de Buenos Aires. ¿Qué les importa la legalidad? Decretos y orden policial, «leyes» que violan principios humanos básicos. Se preocupan por la vida social, por el mundo en el que viven, no por el mundo de los que tienen propiedades, privilegios y poder.

Estas protestas, en Buenos Aires y en Mogala, se reflejan en Wana, en el norte de Pakistán. Allí, Ali Wazeer del grupo The Struggle (La Lucha, parte del Frente Democrático y de Izquierda) ganó un escaño en el Parlamento. Hace una década, la ciudad de Wana fue el epicentro de una gran batalla entre Al-Qaeda y el ejército paquistaní. Ali Wazeer mantuvo su cabeza, a pesar de las amenazas contra su vida. Continuó construyendo el movimiento popular contra los abusos de los derechos humanos y por la justicia social. Fue su trabajo lo que le trajo el afecto y el amor de aquellos en el área. Ganó el escaño por 23.000 votos. Ni el fraude pudo derrotarlo. Será la voz de la izquierda en el parlamento pakistaní. Qalandar Memon informa «Hace unas semanas, los talibanes lo rodearon a el y sus partidarios y les dispararon durante horas. Muchos murieron. Cuando estuvimos en Lahore me dijo que los talibanes tenían órdenes de matarlo. Hace unos pocos meses, fue arrestado a punta de pistola en Lahore y más tarde le apuntaron de nuevo con un arma en Karachi. Si el puede desafiar a miles de talibanes y a los militares, entonces el tal Ali Wazeer debería ser suficiente para nosotros contra los otros 270 parlamentarios.»

Esperamos mucho que hayan visitado nuestro sitio web y leído nuestro dossier del Instituto Tricontinental de Investigación Social sobre las viviendas de los trabajadores en Solapur, India. Esperamos también que nos hayan dado «me gusta» en Facebook y que nos estén siguiendo en Twitter. A partir de esta semana tenemos una página en Instagram. En ella lanzaremos #TricontinentalTBT – una nueva obra de arte revolucionario cada jueves. En nuestra opinión, la batalla de las ideas no puede librarse únicamente con palabras. Tenemos que involucrar la imaginación visual. Hay una crueldad que se ha apoderado de nuestras culturas, crueldad promovida por el individualismo, la codicia, el militarismo y las jerarquías de todo tipo. Nuestra imaginación social debe expandirse, permitir que creamos en posibilidades diferentes. Para ello, el arte es esencial. El arte, para la izquierda, siempre ha desempeñado el papel de espejo de la realidad social y lienzo para explorar promesas alternativas. Ni el arte ni los movimientos políticos pueden hacer su trabajo solos, se necesitan el uno al otro.

Cordialmente,

Vijay

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