“Por la humanidad, compañeros”, escribe Frantz Fanon al final de su monumental Los condenados de la tierra, “hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo”. Las terribles desigualdades en nuestro mundo mantienen a la humanidad dividida. Tales desigualdades han salido a la superficie esta semana, en que The Intercept publicó pruebas de que el juez de instrucción Sérgio Moro conspiró para encarcelar a Lula y evitar así que su partido, el Partido de los Trabajadores, ganara las elecciones en Brasil. El ataque contra defensores de los derechos humanos continúa alrededor del mundo, desde amenazas para deportar de Dinamarca a la feminista afgana Zarmena Waziri hasta el arresto del desarrollador de software Ola Bini en Ecuador, donde ha permanecido encarcelado durante dos meses por su trabajo con organizaciones de derechos humanos. Si no estás enojado por estas revelaciones, independientemente de tu orientación política, entonces la cultura democrática se empobrece aún más. Serás absorbido por la sonrisa torcida de los poderosos que están protegidos por el desentendimiento de las masas. La desesperanza es el peor tipo de rendición. Enojémonos porque Lula y Ola están en la cárcel, porque Zarmena Waziri será deportada a los brazos del Talibán, porque las compañías mineras destruyen el planeta y truncan los sueños de los mineros, y porque el experimento de Venezuela está bajo la grave amenaza de una guerra híbrida. Enojarse es abrir la puerta a un pensamiento nuevo y a un futuro nuevo, a cambiar de piel.

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En las ruinas del presente traza los desafíos planteados por la globalización y lo que esos desafíos producen nuestra sociedad. El primer intento por abordar los problemas de la globalización fue el neoliberalismo. Falló. Luego vino el populismo de derecha, que se expresa en términos estrechos y de odio. También va a fallar. La izquierda está debilitada, descompuesta por la globalización. La necesidad hoy es que la izquierda se recomponga, que se transforme en una fuerza vital para la humanidad frágil.

La globalización y sus alternativas presenta la evaluación de Samir Amin del concepto de globalización, así como su concepto de «desconexión»; es decir, como el Tercer Mundo puede obligar al imperialismo a aceptar sus condiciones e impulsar sus propias políticas. La perspectiva de Amin nos ayuda a comprender la crisis actual del capitalismo e imaginar un mundo basado en una agenda del pueblo, internacional y multipolar, en lugar de una impulsada por el capital global.

Los minerales en bruto son necesarios para la vida diaria, pero cuando esa vida es también el costo de nuestras necesidades de infraestructura, es hora de empezar a hacer preguntas. ¿Por qué el 60% de las empresas mineras del mundo tienen su sede en Canadá? En este informe proporcionamos los detalles financieros de diez compañías mineras canadienses. Estos datos se convierten en una hoja de antecedentes penales cuando se leen junto con relatos concisos de las más horrendas violaciones de todo tipo cometidas alrededor del mundo por estas compañías . La acumulación de dólares canadienses depende profundamente de una depravada indiferencia hacia la vida humana que las compañías mineras canadienses parecen compartir.