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Utagawa Kuniyoshi (Japan), Takiyasha the Witch and the Skeleton Spectre, 1849.

Utagawa Kuniyoshi (Japón), Takiyasha the Witch and the Skeleton Spectre [Takiyasha, la bruja y el fantasma del esqueleto], 1849.

Estimados amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

 

El 18 de julio, el secretario general de la ONU, António Guterres, publicó el siguiente tweet: “La covid-19 ha expuesto la mentira de que el libre mercado puede proveer atención sanitaria para todos, la ficción de que el trabajo no remunerado no es trabajo, el delirio de que vivimos en un mundo post-racismo. Todos estamos flotando en el mismo mar, pero algunas personas están en grandes yates y otras se aferran a escombros que flotan a la deriva”.

El Dr. Rajiv Shah, presidente de la Fundación Rockefeller (Estados Unidos), dijo recientemente que Estados Unidos depende de dos “compañías monopólicas” (Quest y LabCorp) para los testeos de covid-19 que “no tienen suficiente capacidad en sus sistemas de procesamiento central para los volúmenes que son necesarios en este momento”. Estas empresas monopólicas —promovidas por el libre mercado del que hablaba Guterres— funcionan con fines de lucro, lo que significa que son laboratorios de procesamiento “justo a tiempo que no tienen la “capacidad” de hacer más que el trabajo normal de laboratorio; cualquier cosa extra es económicamente ineficiente para ellos. El Dr. Shah dice que los test no pueden ser devueltos en menos de una o dos semanas. “Con un plazo de siete días, prácticamente no estás testeando en absoluto, es el equivalente estructural a cero test” dijo. Eso significa que Estados Unidos, que tiene un sector público languideciente, prácticamente no está testeando. Subin Dennis, investigador del Instituto Tricontinental de Investigación Social, ha escrito un informe claro sobre la necesidad de tener un sector público fuerte.

 

Gilbert & George (Italy/UK), Class War, 1986.

Gilbert & George (Italia/UK), Class War [Guerra de clases], 1986.

 

Pero para construir un sector público se necesitan recursos. Estos recursos están siendo absorbidos por la recesión desencadenada por el coronavirus, que no es endógena a sus propios fundamentos económicos. Los diversos programas de suspensión de la deuda, como la Iniciativa de Suspensión del Servicio de Deuda —respaldada por el Banco Mundial y los ministros de Finanzas del G20—, son simplemente inadecuados. Un nuevo informe de Oxfam muestra que todos los países que son elegibles para esta iniciativa todavía tendrían que pagar un mínimo de 33.700 millones de dólares por servicio de deudas este año. La cantidad que se les solicita es de 2.800 millones al mes, que es “el doble de la cantidad que Uganda, Malawi y Zambia en conjunto gastan en sus presupuestos anuales”.

Para muchos países el default (incumplimiento del pago de la deuda) está en el horizonte. Argentina, Ecuador y Líbano ya han caído en default. Debido a la crisis de su divisa, el sector médico del Líbano se transformó en un caos. Las farmacias, que importan fármacos usando monedas fuertes, cerraron; el gobierno no pudo reembolsar a los hospitales por servicios utilizados por pacientes con seguridad social, y el desempleo frustró el acceso al seguro médico. Con más dificultades financieras, estos Estados tendrán que recortar nuevamente sus presupuestos para el sector de sanidad, reduciendo los servicios de salud pública justo cuando su valor ha sido claramente demostrado.

Recientemente, las dos principales agencias de la ONU que estudian la situación de los alimentos —el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por su sigla en inglés) y la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés)— publicaron un informe exhaustivo que muestra que en veinticinco países, el hambre aumentará hasta alcanzar niveles de hambruna. Estos países van desde Haití a Zimbabwe, de Líbano a Bangladesh. En abril, el director del WFP, David Beasley, dijo que la situación de hambre está en riesgo de convertirse en “una hambruna de proporciones bíblicas”. Ahora, Beasley dijo que las cifras actualizadas muestran que “las familias más pobres del mundo se han visto aún más empujadas hacia el abismo”.

La deuda de estos países simplemente no les permite abordar las tres pandemias: el coronavirus, el desempleo y el hambre.

 

Li Hua (China), Verge of Starvation, 1946.

Li Hua (China), Verge of Starvation [Al borde de la inanición], 1946.

 

Es en este contexto que Dilma Rousseff, T. M. Thomas Isaac, Jorge Arreaza, Yanis Varoufakis, Fred M’membe, Juan Grabois y yo hemos publicado esta declaración sobre la cancelación de la deuda. Creemos que le recesión desencadenada por el coronavirus exige mucho más que estas formas pusilánimes de suspensión temporal de la deuda; creemos que la cancelación de la deuda es el único camino a seguir en estos tiempos de crisis consecutivas.


 

Declaración sobre la abolición de la deuda

Según la información disponible, la deuda de los países en desarrollo asciende actualmente a más de 11 billones de dólares. En lo que resta del año 2020, los pagos del servicio de la deuda ascenderán a 3,9 billones de dólares. Esta deuda se ha disparado en las últimas décadas, dejando a la mayoría de los países en desarrollo en una situación financiera insostenible. Los defaults y los ajustes de la deuda parecen ser una constante entre los países en desarrollo; llegan puntualmente por razones que con frecuencia son externas a los fundamentos de sus economías.

La transformación de la austeridad en una condición permanente es lo que ha debilitado los sistemas de salud pública de tantos países y los ha dejado vulnerables a esta pandemia mundial. Continuar pagando el servicio de la deuda y seguir obligados por estas cargas de la deuda significa que los países en desarrollo no podrán enfrentar la pandemia de forma eficiente y eficaz, ni construir los sistemas necesarios para futuras emergencias de salud. 

Cada dólar del servicio de la deuda que se destina a repagar un banco, o un rico tenedor de bonos, es un dólar que no se puede utilizar para comprar un ventilador o para el apoyo alimenticio de emergencia. En la crisis del coronashock, esto es al mismo tiempo moralmente indefendible y económicamente irracional. 

La suspensión o aplazamiento de la deuda no proporciona una base para el necesario desarrollo de estos países. Simplemente difiere las cuentas.

Es hora de abolir estas odiosas deudas, que no pueden –en ningún caso– ser pagadas durante la recesión del coronavirus. Los acreedores, tanto públicos como privados se arriesgaron con sus inversiones. Explotaron las necesidades de los países en desarrollo al prestarles dinero con tasas de interés obscenas. Es hora de que paguen el precio por el riesgo que asumieron, en lugar de obligar a países con escasos recursos a pagar un capital precioso para ellos. 

 

Dilma Rousseff (ex presidenta de Brasil).

M. Thomas Isaac (Ministro de Hacienda, Kerala, India).

Yanis Varoufakis (ex Ministro de Hacienda, Grecia).

Jorge Arreaza (Ministro de Relaciones Exteriores, Venezuela).

Fred M’membe (Presidente del Partido Socialista, Zambia).

Juan Grabois (Frente Patria Grande, Argentina).

Vijay Prashad (Instituto Tricontinental de Investigación Social).


 

Esperamos que esta declaración tenga una amplia circulación y que sea tomada por los movimientos populares para ejercer presión sobre los gobiernos para no aceptar los precarios acuerdos de suspensión de la deuda, que van a atrapar aún más a los países en ciclos de insolvencia a largo plazo.

 

Ibrahim El-Salahi (Sudan), Reborn sounds of childhood dreams (1961-65).>

Ibrahim El-Salahi (Sudán), Reborn sounds of childhood dreams (1961-1965) [Sonidos que renacen de los sueños de infancia].

 

Malawi, un país sin litoral, ganó su independencia de Gran Bretaña en 1964; sin embargo, a partir del legado del saqueo colonial, emergió uno de los países más empobrecidos del mundo. David Rubadiri fue el primer embajador de Malawi tanto en Estados Unidos como ante la ONU, y tuvo un asiento en la primera fila para ver el desarrollo del subdesarrollo. Renunció tras un año en el cargo. Rubadiri escribió un poema llamado “Suplicando A. Y. U. D. A.” mientras enseñaba en Uganda en 1968:

En la mendicidad
de un circo
que ahora es el hogar,
el látigo del maestro de ceremonias
resuena con un golpe
que carcome
el fondo de nuestro ser.

Esta es la esencia de todo eso: el colonialismo había sido derrotado, pero su estructura ha permanecido, ahora con préstamos de capital a tasas usureras y con la deuda transformada en un instrumento de control político sobre las nuevas naciones. Viejas imágenes de esclavitud han tenido que ser recordadas mientras se abren paso formas más anónimas de dominación social. No hay ningún látigo en la mano del Club de París (los acreedores gubernamentales) o del Club de Londres (los acreedores privados), ni en las manos del Fundo Monetario Internacional y el Banco Mundial; pero su presencia se siente golpeando duro a la humanidad.

 

Iran Darroudi (Iran), Steadfastness, 1987.

Iran Darroudi (Irán), Steadfastness [Firmeza], 1987.

 

Cuando el escritor iraní Sadeq Hedayat era felicitado por sus amigos, él respondía: “todavía estamos en los grilletes de la vida” (dar qeyd-e hayat-im). También nosotrxs. Es por eso que la campaña para cancelar las deudas odiosas es un buen comienzo para romper esos grilletes, para deshacernos de la mano que azota el látigo, para liberarnos del instrumento de la servidumbre a la deuda.  

 

Cordialmente, Vijay.

 

PS: desde ahora en adelante, nuestro boletín destacará el trabajo de algún miembro de nuestro equipo. Abajo pueden encontrar una pequeña nota de nuestra subdirectora, Renata Porto Bugni: